lunes, 17 de enero de 2011

Gigantomaquia digital: Las batallas digitales

En su momento se deberá de hacer con profundidad. Es una tarea pendiente. Nos referimos a un análisis sociopolítico del presente (y del inmediato futuro) digital. Las batallas y los enfrentamientos se van sucediendo ante la indiferencia del ciudadano digital (más preocupado por, y focalizado en, sus relaciones sociales —via facebook et alteri). Y estas batallas irán a más.Las batallas que vemos de tanto en tanto son múltiples y se dan en diversos niveles.
Por un lado hay la guerra soterrada entre los gigantes digitales en su pugna por prevalecer en una posición dominante sobre los mortales (los ciudadanos digitales de a pie).

La última refriega, en este campo, ha sido el revés de Google a Apple y Microsoft en la cara del códec de vídeo H.264.
Una batalla inmediatamente anterior fue directamente entre buscadores y sus aliados. 
Por otro lado, está la pugna entre las empresas tecnológicas digitales y las empresas de telecomunicaciones (las que dominan las redes de transmisión de información), las cuales pretenden mantener su parte sobre las ventajas futuras.
En otro ámbito, y no menos importante, está la feroz lucha entre las empresas de las nuevas tecnologías con las empresas descendientes de la revolución industrial. Esto se ha hecho evidente con la aparición de los dispositivos lectores (eReaders y tablets) y de las empresas editoras en digital (Amazon) que han provocado los primeros movimientos sísmicos en las empresas editoras tradicionales así como en las distribuidoras de libros y librerías clásicas. (Y de manera similar en las publicaciones de prensa escrita).
Estos movimientos sísmicos, sin embargo, no pasan de ser  desplazamientos semejantes a los vividos en otras épocas, como ocurrió con el paso de la artesanía a la industria, o del mimbre al plástico. O, para hacerlo más patente, del coche de caballos al ferrocarril y el automóvil.
Aparte de todo lo anterior, en este panorama socioindustrial y político hay que colocar a los ciudadanos de este mundo, el digital, que se presentan estratificados, según su nivel de inmersión TIC. Por una parte están los nativos digitales y los inmigrantes digitales —los cuales, a pesar de esta supuesta diferencia, pueden caer en una misma categoría: simples consumidores de contenido de la red. Por otra parte, hay los profesionales digitales que, en un extenso abanico, muestran su destreza digital en áreas que complementan su tarea laboral —estos podrían entrar en el campo de los creadores de contenido digital. También hay los que centran plenamente su trabajo en algunas labores surgidas con las nuevas tecnologías (como pueden ser la programación web, la creación de aplicaciones para teléfonos móviles, el diseño digital, las tareas asociadas al "community manager" o el análisis de los aconteceres digitales diarios).

Desde un punto de vista más político, también habría que hacer mención de los fenómenos, al parecer surgidos espontáneamente y desde la base ciudadana, que están tomando una postura muy activa en la controversia política. Véase, como ejemplo, Anonymous.

Hay también aunque en lontananza —y esto puede parecer que cae más en el ámbito de la opinión que en el de la comprobación empírica—, otra conflagración que dentro de unas décadas podrá ser más evidente. Es la existente entre los gigantes digitales —que habrán crecido en poder, aumentando su imperio—, poderosos del mundo realmente existente (el del dominio de la información y la comunicación), esto es el mundo digital, y los poderes políticos que carecerán del abrigo que en las últimas décadas les han ofrecido los medios de comunicación tradicionales –muy amantes de la consiguiente contraprestación, ya sean subvenciones, anuncios y otras dádivas. Estos medios de comunicación tradicionales, para sobrevivir, habrán cambiado su vasallaje hacia los grandes gigantes digitales que serán los que tendrán, de facto, las riendas del viaje al futuro. Los políticos, los estados nacionales tradicionales, ya no se encontrarán encima de la cúspide donde se habrían acostumbrado a estar, sino que, aún sin desaparecer, deberán de tener presente las sugerencias y observaciones que desde arriba —desde el Olimpo digital— reciban. Entonces ya se podrá anunciar que el nuevo feudalismo se habrá plenamente instalado. Tiempo al tiempo.

domingo, 9 de enero de 2011

Perspectivas sobre la Web y el vídeo digital

Predicciones para el nuevo año.

Son bastantes las voces que hablan de la muerte de la Web. En cierta medida no están lejos de la verdad ya que, como decía el clásico, todo cambia. Y la Web está obligada a cambiar si no quiere desaparecer. Cuando se habla, sin embargo, de la muerte de la Web se tiene presente la irrupción de los sites gestionados por las redes sociales (como Facebook, MySpace, Twitter, etc.) que es donde se refugia la gente o adonde se dirige la población en sus momentos digitales. La Web, y más aún los antaño conocidos como Portales, ya no sirven de reclamo para los usuarios digitales. Estos se dirigen (y nos dirigimos), realmente en manada, hacia las instituciones de los socialmedia. Si alguna web se cruza en nuestra travesía, es casi por casualidad o porque contiene algún elemento substantivo que reclame nuestra atención.

El usuario que pasea por Internet, de la misma manera que años atrás lo hacía por las avenidas de las ciudades, contempla solamente los aparadores suntuosos; los más llamativos; los más elaborados. Otra cosa es el usuario, aún muy minoritario, que trabaja a partir de datos que recoge en Internet, el cual sí que puede centrarse en algunas websites donde hallará datos que le puedan servir de ideas, referencias, sugerencias o noticias. Pero el usuario medio, que es el que interesa atraer en gran escala, está en el inmediato presente orientado y centrado en las redes sociales. ¿Cuánto durará eso? Difícil es de prever y en todo caso, si es una moda, no quiere ello decir que no se transforme en una costumbre —como lo es ya el uso del correo electrónico, aunque hayan surgido herramientas de mensajería instantánea (Messenger, por ejemplo) o de VoIP (Skype, para no ir más lejos).

Que la web se ha de renovar es pues ley de vida. Lo que se duda es sobre el cómo. Hay datos, sin embargo, que tal vez podrían orientarnos sobre sus lineas de progreso. Una de ellas quizás se ha visualizado hace escasos días. Del recien celebrado CES, uno de los resúmenes que apareció en las publicaciones digitales fue el siguiente: At CES, Video Is King. From apps to chips, the moving image is everywhere. Esto es: El vídeo es el rey, desde las aplicaciones hasta los chips. 

Puede servir para corroborar este hecho la presentación de Intel en el CES. Las crónicas en este sentido han dicho lo siguiente: Formerly code-named Sandy Bridge, the new Core chips include a number of video-related technologies, such as Intel Insider, Quick Sync Video, and a new version of Wireless DisplayLa presencia de la tecnología de vídeo en los propios chips de Intel parecerían dar una clara indicación de hacia donde se va (o hacia donde se quiere ir).

Terminemos esta predicción sobre el futuro inmediato, recordando un tweet que publicamos el 5 de enero del presente año: The video clips will be included maybe in all websites and in digital materials as ebooks. But video with special effects and artistic. Esta idea sobre el video artístico y elaborado, como elemento de captación de visitantes digitales, puede quedar mucho más clara si examinamos el siguiente clip que no por casualidad ha aparecido en la web de Intel.


Que la web tiene mucho aún que ofrecer; que no está escrito el futuro digital y que este nos irá sorprendiendo elocuentemente, parece claro. Que se necesitan expertos y profesionales preparados para cabalgar por el mundo digital también es una predicción facil. Lo que no lo es, es si nuestros dirigentes estarán por la labor (o si les llegarán las ideas que deberían inspirarles para esta nueva andadura), y ello es problemático teniendo en cuenta que la educación está, en el presente, en sus manos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Happy Birthday World Wide Web!

Hoy hace 20 años. Hace 20 años que Timothy Berners-Lee, con la ayuda de ingeniero informático Robert Cailliau, publicó la primera web (the first website!), como leemos en un excelente comentario de CBC
Este hecho, casi irrelevante, establecía por primera vez la conexión entre un servidor y un navegador web (web browser). Este singular acontecimiento ha sido el paso decisivo que ha cambiado una época —tal como el descubrimiento de América, lo provocó en su momento. Después de esto, todo empezó a ser distinto y, con una propagación en cadena (cual marketing viral como lo llaman ahora), el mundo empezó a ser diferente.

Este evento modificó la forma de comunicarnos, de establecer relaciones, de entablar conversaciones con personas de otra parte del globo... Y todo ello, mediante unos sistemas cuya simplicidad aparente aún nos sorprenden. Cambió, y lo continúa haciendo en el presente y más lo hará en el futuro, cambió tambien nuestra forma de vida, las formas de trabajar, de comerciar, de conectar con nuestros familiares y nuestros amigos. Cambió, en fin, la forma de ver el mundo, la de actuar en él y la de estar en él. 
Según cuentan las cifras, un 20 por ciento del mundo depende de la World Wide Web. A inicios de julio de este año que ahora termina, el uso de Internet se acercaba al 30 por ciento de la población mundial. Y con fecha del 24 de diciembre el número de webs indexadas ronda los 13990 millones de páginas.
Frente a todo ello, sin embargo, algunos nubarrones se están acercando al mundo Web. Como indica en su libro Internet Architecture and Innovation la profesora de la Stanford Law School Barbara van Schewick, "Internet sigue siendo el mecanismo más fiable y excepcional para fomentar la innovación y la creación de nueva riqueza. Pero este motor de la innovación está en peligro". Las implicaciones de las reglas relativas a la neutralidad de la red están moviendo el territorio Internet hacia unas coordenadas que pueden ser muy distintas a las que en estos veinte años se han conocido.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La Internet de las cosas

Se denomina la Internet de las cosas a la red digital que se puede establecer con cualquier objeto cotidiano al que se le ha implementado algún rasgo detectable electrónicamente. Estos objetos, que quedan enmarcados en una especie de red inalámbrica, pueden establecer comunicación entre ellos y de forma autónoma. Este es el nuevo paso que se dará, casi con toda probabilidad y con empuje, el próximo año.

La impregnación digital de los objetos, con ayuda de etiquetas RFID o de códigos QR, además de la introducción de componentes inteligentes programables y con detección mediante sensores, comportará, sin duda, un cambio extraordinario en el mundo que nos rodea, facilitándonos las cosas en tanto que usuarios y añadiendo valor a las operaciones laborales así como a los trabajos cotidianos —entre los cuales hay que subrayar el ahorro de tiempo, la localización de los objetos y la programación de operaciones para que ellos interactúen sin nuestra presencia.
A pesar de la lentitud, en algunos países, de la introducción de las etiquetas inteligentes (RFID y QR), la percepción a escala global es que la IoT (Internet of Things) está ya a la vuelta de la esquina. Y cuando se dé el salto, la rapidez de su introducción será equivalente a la de la telefonía móvil que hemos conocido.
Unos de los terrenos que puede servir como suave introducción de estos objetos "inteligentes", algunos llamados spimes, es el de los juegos clásicos. 
Este conejo, que responde al nombre de Nabaztag, es localizable aquí.  
Un sitio más profesional para acceder a este nuevo mundo que nos espera es Pachube

En esta plataforma se puede obtener información y ejemplos para implementar estos cambios digitales. 
Sin embargo, no es necesario tener conocimientos de ingeniería para entrar en este mundo de una manera semiprofesional. Véase el siguiente vídeo para obtener una aceptable visión sobre lo que estamos tratando...

Un nombre que aparece asociado a esta tecnología y que está apareciendo estos días en los papeles digitales es el de Rafi Haladjian. Con su nueva start-up, Sen.se, Haladjian está catapultando una serie de aplicaciones y ambientes, para dar cabida a todas las inquietudes que quieran acercarse a este nuevo territorio de impronta digital.
La Internet de las cosas está, pues, aquí. Que su implantación sea más o menos rápida depende de cada uno de nosotros.