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martes, 12 de julio de 2011

Comprar paseando en el siglo digital

La principal riquesa de cualquier persona es el tiempo. El tiempo propio. Tiempo para mí. Tener tiempo para administrarlo. He ahí un tesoro que a veces no valoramos bien. La tecnología nos ayuda en eso, aunque tal vez ocupa nuestro tiempo libre en demasía y, cosa peor, con futilidades. Sin embargo, la tech también nos ayuda, y puede ayudar mucho si le damos un empujón, a ahorrar tiempo. Sobre todo puede ayudar a aprovechar tiempos muertos como ocurre en las grandes ciudades con la espera del metro, tren o autobús. 
Un país: Corea del Sur. Una tecnología: la tecnología asociada a los códigos QR. De hecho nada nuevo. Lo que es nuevo es la inteligencia de coger cuatro bagatelas tecnológicas de las que se viene hablando hace más de un año y colocarlas en manos de los usuarios que, sin dudarlo ni un segundo, se han puesto al día para aprovechar las buenas ideas. En suma, reflexionemos: tecnología e inteligencia para implementarla en aquello que puede interesar al usuario de la segunda década del siglo XXI dotado de un smartphone -es decir, millones! Eso es lo que se ha hecho. Pero, reflexionemos más. Lo que es realmente nuevo es lo siguiente: Si el usuario no va a la web, ¡acerquemos la web al usuario!
Una empresa, Tesco, al objeto de impulsar las ventas online, ha cubierto los muros de estaciones del metro de Corea del Sur con fotos de las estanterías de sus tiendas. Cada elemento que aparece en la estantería lleva el correspondiente código QR que es leído y reconocido por los teléfonos móviles y los viajeros, mientras esperan la llegada del servicio público, aprovechan la ocasión para informarse de los productos y hacer alguna que otra compra online. Como es habitual en este tipo de comercio -eCommerce-, dentro de pocos días llegarán a casa los productos comprados mientras se estaba aguardando que transcurrieran las cinco minutos con que siempre nos premia el transporte público. 
Según informa la propia compañía, las ventas en línea crecieron en esta campaña un 130% y los clientes nuevos registrados aumentaron un 76%. No tenemos confirmación de estas cifras, pero el sentido común nos hace suponer que los ciudadanos coreanos supieron aprovechar el regalo de tiempo que les ofrecía el sistema.
¿Que por ahora sólo se ha colocado en las amplias paredes de los andenes de los metropolitanos? Por algún sitio se ha de empezar. Aunque, ¿cuánto tiempo habrá que esperar para poder comprar paseando por las principales avenidas, sin tener que entrar necesariamente en las tiendas, sufrir larga cola y sin obligarnos a acarrear paquetes cuando estamos con nuestros amigos o en pareja, en tanto que deambulamos como simples flâneurs
No dudamos de los tecnólogos, que hay muchos y con excelentes ideas; tal vez tendamos a dudar de los emprendedores a los que les cuesta situarse en la dinámica de su propio siglo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Los dioses digitales lo ven todo

Dios lo ve todo fue una de las frases más repetidas en muchas infancias. Ahora, sin embargo, de mayores, creíamos que esta habilidad del Sumo Poder había desaparecido, incluso en sus manifestaciones bajo el prisma de las dictaduras políticas. En ellas, aunque no era fácil, uno podía escurrirse de ser observado. Pero ahora con las tecnologías digitales y algunos proyectos megalómanos, está reapareciendo no siempre con la bondad paterna celestial que se atribuía a la divinidad clásica. Apple y Google, dos de los más importantes gigantes digitales, están entronizándose en este empeño observador y con su pugna implacable están dándose palos en nuestras cabezas, esto es, mediante nuestros móviles y, casi lo último, a través de nuestras propias ventanas.
Ser detectado en la red, sin embargo, no es una cosa nueva. Hace unos pocos años, asistí a una charla de los Mossos d'Esquadra, la policía de Catalunya, donde se informaba de las técnicas digitales que tenían para detectar conductas paidófilas a través de la red. Todo lo que se baja, desde un simple MP3 a una simple imagen PNG, se sabe de donde sale y adónde llega. En qué servidor está y a qué IP llegará en unos instantes. En la mencionada charla, se indicaba que su centro de atención estaba en lo paidófilo, dejando lo demás de lado (quizás por la inmensidad del océano intercambiable). En todo caso, nuestro PC, a través de la IP (equivalente al número de teléfono) o de la dirección MAC (el número identificable correspondiente a la tarjeta de red, mediante la cual accedemos a Internet), está constantemente situado y en la expectativa de ser visto (sólo hace falta que alguien lo mire). Pero, cuando el PC está cerrado, nuestra privacidad regresa al nivel de mediados del siglo XX, cuando sólo el vecino, el panadero o los transeúntes habituales tenían una lejana información de por donde íbamos y con quién.
Ahora, con el móvil en el bolsillo, ha regresado la divinidad observadora. Ahora se puede saber donde estamos en cualquier momento. Tanto Apple, con sus dispositivos, como Google con su Android, estan al tanto de nuestra localización. De dónde estamos. (Dejemos a un lado especular sobre lo que podrán llegar a saber de nosotros, más adelante, sólo por el simple hecho de llevar el móvil en el zurrón). Sin embargo, la localización geográfica ya hace un tiempo que ha empezado a introducirse en nuestro PC, sin nuestro permiso, ampliando lo que las famosas cookies van anotando de uestros paseos por el ciberespacio.
El proceso que siguen estos dispositivos móviles es el siguiente: iPhones e iPads (y Android, en casa Google) hacen un seguimiento secreto de sus dueños determinando su ubicación mediante la triangulación respecto a la más cercana torre de telefonía celular. Estos datos resultantes son guardados en un archivo que es transferido al ordenador cada vez que los dispositivos se sincronizan con él. Por ahora parece que los datos no son enviados a la sede de las divinidades digitales, pero sí que es una información que, vista la brillantez de los hackers con los botnets, generará un nuevo negocio con el acceso y posterior venta de este tipo de informes. (Una fase más creativa que el simple recolectar y vender direciones de e-mail). 
Cuando en el primer párrafo hemos hablado de 'a través de nuestras propias ventanas' no lo hacíamos en plan metáfora, sino stricto sensu. Véase para confirmarlo estas imágenes de Shanghai tomadas en un día cálido sin que sus habitantes fuesen conscientes de que Dios (casi) lo ve todo.  
No nos ha de estrañar eso que acabamos de pincelar, estamos en la sociedad de la información. Más pronto o más tarde, los dioses digitales lo verán todo y lo sabrán todo de nosotros.
¡Que el dios clásico nos acoja! Pero mientras tanto, puede ser aleccionador dar un vistazo a lo que en el presente, y por la ventana, los dioses digitales ya pueden ver.

martes, 8 de marzo de 2011

4G, otro paso hacia la varita mágica

Si no existe ya, un día se deberá de hacer una tesis doctoral sobre las coincidencias entre los avances tecnológicos y las fantasías de los cuentos populares de todos los tiempos. Desde el espejo mágico de Blancanieves (un tablet con transmisión de audio en tiempo real) a las estatuas andantes de la cueva del Hefesto homérico (unos perfectos y serviciales robots). Y entre estas fantasías está la de la varita mágica que es en lo que tenderá a convertirse nuestro teléfono móvil (o el tablet de bolsillo). Y ello gracias a la nueva tecnología de comunicación denominada 4G que se verá acompañada por la Internet de las cosas que está irrumpiendo también con empuje.

4G es el nombre que recibe la tecnología de 4ª generación de telefonía móvil. Se dice que realmente con la tecnología 4G, que funcionará sobre el protocolo IP (el que usamos para acceder a Internet desde casa o la oficina), se tendrá un acceso real y pleno a la Gran Red. Y desde cualquier punto de nuestra geografía ciudadana tendremos acceso a información de todo tipo, ya sea estando parados o en movimiento (léase automóvil), pues el ancho de banda será de unos 100 megabits por segundo en bajada y 50 megabits por segundo de subida. Una proeza en cañería de datos que nos permitirá estar inundados (sigamos con el símil) por todo tipo de información privada o pública y eso casi al instante de su envío o transmisión.

Si proyectamos un futuro a tres/cinco años vista, nos podemos ver conduciendo por una carretera o autopista recibiendo datos sobre los restaurantes que están a pocos kilómetros de donde nos movemos, o datos de los followers que están por los alrededores de la zona visitada o, también, ofertas sobre aquellos materiales que tenemos marcados como “próximas compras”. Todo ello estará en la red y recibiremos puntual información con sólo moverse por alguna geografía física. La 4G facilitará toda esta información como si fuese un mayordomo que se preocupa para que su señor esté bien atendido.

Junto a la 4G también se conjugará la Internet de las cosas, de la que ya hemos hablado con anterioridad. Un vídeo al respecto puede ayudarnos a 'rememorar' el futuro que nos espera.







Otra cosa es, ay!, quien lo desarrollará y qué tecnólogos estarán en la punta de lanza de estos avances. Es decir, cuánto deberemos de pagar en royalties. Ahí la vista de lince de los políticos tiene su qué.