viernes, 5 de junio de 2015

Robótica, mundo laboral y nivel de competencia en el futuro mundo 'smart'

Desde hace unos meses han ido apareciendo una serie de artículos relativos al nuevo mundo laboral que aparece en lontananza. Estamos entrando, aunque aquí no sea aún muy visible, en una etapa tecno-económica completamente distinta a la que hemos vivido en las últimas décadas. Es la nueva etapa de la computarización o digitalización. En otras palabras, en un mundo industrial donde los automatismos, la robótica, las máquinas que están capacitadas para aprender (y que se auto-adaptarán) a partir de los datos que reciban vía Internet, comenzarán a introducirse en talleres, empresas e industrias relevando a obreros dedicados a trabajos mecánicos y poco creativos. Estamos en el inicio de una etapa donde muchas de las tareas tradicionales —aquellas estrictamente mecánicas— pasarán a ser ejecutadas por máquinas. Las máquinas robotizadas, es decir, movidas y supeditadas a los programas informáticos, harán unas tareas donde los errores serán mínimos, por no decir inexistentes. Las máquinas no padecen estrés, no se cansan, ni sufren bajas anímicas. Y, además, estas nuevas máquinas serán, como hemos dicho, machines learning, máquinas que irán aprendiendo y mejorando sus tareas —y, tómese nota, trabajando casi a gusto del consumidor.

Ante esta irrupción —que hay que calificar de disrupción— empiezan a aparecer —en esos artículos mencionados— el temor de que desaparezcan muchos puestos de trabajo. Y al respecto no cabe plantearse ninguna duda. Realmente habrá muchos puestos de trabajo que desaparecerán, como han ido desapareciendo —eso sí con mucha más lentitud—puestos de trabajo que estaban asociados a antiguos sistemas productivos o relacionados con antiguas máquinas o menesteres. Un ejemplo muy claro fue la desaparición de los guarnicioneros, aquellas personas que hacían las guarniciones para las caballerías. Y lo hicieron, al desaparecer de facto los caballos como “herramienta” fundamental en el mundo de la agricultura y el transporte. Si a mediados del siglo XX aún se efectuaban estas tareas en nuestras ciudades, hoy no pasan de ser una reliquia de anticuario.

Los cambios técnicos siempre han comportado cambios de fondo en los sistemas productivos y en este sentido han obligado —se quiera o no— a resituarse ante el nuevo escenario. El error está en no querer darse cuenta de que esta nueva circunstancia provoca un gran cambio de las reglas de juego que hasta ahora habían prevalecido. Salvo una catástrofe, las cosas no volverán a ser como antes. Y no querer darse cuenta de esta nueva realidad y huir hacia el pasado, es una actitud que no sería descabellado de calificarla de infantil.

¿Los robots, sin embargo, harán que haya menos puestos de trabajo? Sí y no. Sí, respecto a muchas tareas tradicionales. Los robots, las máquinas inteligentes, las automatizaciones, tomarán los puestos de trabajos que hasta ahora estaban ejerciendo trabajadores humanos. (Ya hace años que sacamos dineros de los cajeros automáticos, sin que detrás de la máquina haya persona alguna). Pero no con respecto a una amplia gama de nuevas tareas y trabajos que están apareciendo y otras por crearse e incluso diseñarse. Trabajos sobre seguridad informática o de análisis de datos son de los más demandados en las últimas fechas; y sólo estamos en los inicios.

Ejemplo, comparativo, de todo esto, es lo que empezó a suceder a partir de la segunda mitad del siglo XVIII con la irrupción de la revolución industrial —la época de la introducción de las máquinas que sustituyeron con empuje y sin freno las manualidades, fundamentalmente en el mundo de los tejidos. La época de las manufacturas ('manu-facturas') tocaba a su fin. El trabajo humano, la fuerza humana, comenzó a ser sustituido por la fuerza de las máquinas. Algunas fueron las máquinas de vapor (con la energía del carbón); otras máquinas fueron instaladas, en el marco industrial pertinente, cerca de los ríos, las turbinas de las cuales eran movidas por la fuerza del agua. Y la fuerza humana y la inteligencia pertinente pasaron a ser reemplazadas por máquinas que reducían mucho la intervención del individuo humano. Aparecieron quejas al respecto. Los artesanos que hasta entonces eran los reyes de la producción material vieron que eran sustituidos por máquinas que pasaban a ejercer mecánicamente lo que eran hasta entonces sus tareas. El clamor en aquel momento fue como en el presente. Las máquinas llevarían a la gente a un paro insalvable. Pero la realidad fue todo lo contrario. Incluso, bajo el empuje de la presencia de la máquina, creció la población —multiplicándose de forma sorprendente— y desde entonces, con las distintas y posteriores revoluciones industriales (con la introducción de la energía eléctrica , etc.), lo que debía de ser —bajo la óptica catastrofista de los que simplifican las cosas y temen los cambios— un camino hacia una plaga de pobreza, fue el inicio de una etapa esplendorosa —si examinamos comparativamente el presente con el pasado de cien años atrás y más— donde el índice de bienestar es sorprendentemente avanzado y la esperanza de vida algo nunca alcanzado hasta ahora (sin querer decir que con esto ya se ha llegado a un final y que no se puede rebasar).
Ahora bien, la actual ideología catastrofista que refleja el temor ante la nueva industria inteligente —la de las máquinas smart—, no es más que una muestra de la clásica 'resistencia al cambio' y del rechazo, camuflado, a esforzarse para encarar la nueva etapa industrial con energía intelectual (y no simplemente mecánica), donde la creatividad, la inteligencia y la reflexión serán muy bien recompensadas y donde el nuevo perfil del profesional exigirá una alta preparación por la que ya desde estos momento, habría que dedicar toda la atención. La recompensa, para esta persona altamente preparada, será no solamente tener un puesto de trabajo en esta nueva circunstancia smart, ni un buen sueldo, del que seguro podrá disfrutar, sino que verá que su aportación intelectual tiene como prima haber intervenido, aunque sea a pequeña escala, en el diseño de la nueva sociedad industrial que está apenas perfilándose. Esta es la hora de los creadores inteligentes, de los esforzados, intelectualmente hablando, de aquellos que no renuncian a poner los codos en la construcción de un futuro mundo smart.

viernes, 22 de mayo de 2015

La disrupción digital a la vuelta de la esquina

Hay una palabra que empieza a estar de moda; que ha dejado de estar circunscrita a ámbitos reducidos y está saltando a las páginas de los periódicos —medios de comunicación centenarios que pocos les pronostican un largo futuro. Esta palabra es disrupción. La nueva tecnología está produciendo un cambio disruptivo lo que viene a significar que se está entrando en una etapa de reinvención completa. Todo recibirá un cambio a partir de la huella digital.

Hasta ahora se ha estado en el mundo digital, en líneas generales, como espectador. Como consumidor, podríamos añadir, si se ha pasado por las etapas de PC, smartphone o incluso tableta. Pero esta fase está concluyendo. Ahora la ola digital llegará mucho más lejos provocando cambios —en un plazo de 10 años, para dar una cifra optimista; o de cinco años o menos si se quiere ser más realista— que harán tambalear nuestro mundo no como usuarios, sino —y eso hay que subrayarlo bien— como productores, como trabajadores o profesionales.

La digitalización de todo generará cambios en todos los ámbitos. A nivel de las ventas (ya lo vemos con el auge del comercio electrónico) y de las industrias, con la introducción a gran escala de las máquinas inteligentes (learning machines) —máquinas que al recibir datos, en tiempo real, de los productos fabricados, instalados y vendidos, adaptarán y mejorarán sus nuevas producciones para hacer unos productos más eficientes y tener, en último término, más fidelizados a sus clientes.

Eficiencia y racionalidad. He ahí dos conceptos que cada vez más van también esparciéndose por el mundo productivo. Esto puede considerarse como una repetición, pero ahora a gran escala, de la aventura empresarial de Michelin. Nos referimos a aquel joven francés François Michelin que a mediados del siglo XX entró como gerente de la empresa de neumáticos, una empresa que procuraba subsistir en un mundo de gran competencia. Después de hablar con todos los trabajadores y escuchar sugerencias, François Michelin recogió una para hacer un tipo de neumático que fuera más bueno y resistente que los que hasta entonces se habían fabricado... Ante esta idea, los otros directivos de la empresa se asustaron. La empresa quebraría. Si los neumáticos nuevos duraban mucho más que los que hasta entonces se hacían, ¿cómo mejorarían las cuentas de resultados? Michelin no dudó en introducir los cambios pertinentes y comenzó a hacer los nuevos neumáticos. Las nuevas ruedas tenían mucho más recorrido y mucha más seguridad. Los neumáticos eran mucho más eficientes (hoy eso se llama innovations de rupture). Y, con ello, paradójicamente, aumentó el número de clientes y hasta hoy llega la historia de aquella empresa entonces de nivel medio que se llamaba Michelin y que hoy todo el mundo conoce.

Eficiencia, racionalidad y digitalización bien conjuntados significa hacer mejores productos; más adecuados e incluso estrechamente adaptados a los usuarios. ¿Por qué hacer coches que alcancen altas velocidades si hay un sector de compradores que no necesitan estas prestaciones? Con ayuda de los big data —datos que las piezas de las máquinas en funcionamiento irán enviando a los respectivos fabricantes para dar noticia de su uso, desgaste e, indirectamente, modificación posible— el mundo industrial está entrando en una etapa que requerirá unos profesionales con unas competenciasskills— que, en lineas generales, hasta ahora han resultado bastante superficiales. De hecho el mercado laboral tampoco lo exigía. Pero ahora —en esta etapa de disrupción— las cosas están cambiando y lo hacen de forma más bien acelerada. Ahora el impacto digital está llegando al mundo laboral y aquel que no se prepare para esta nueva época puede quedarse peligrosamente al margen. Es una época que se vislumbra de gran creatividad —de hecho todo está por hacer; habrá que modificarlo todo, poniéndole un 'barniz' digital. Es una época de esfuerzo y de aprendizaje continuado. Estamos hablando de una época de cambios sin fin. ¡Hay tantas cosas por hacer con ayuda de la digitalización! ¡Hay tanto por innovar (por promover "innovations de rupture")! ¡Tanto por aprender!

martes, 14 de abril de 2015

La peligrosa ceguera ante el futuro inminente

El conocimiento es una de las materias primas más importantes que existen. Trabajar el conocimiento, la formación, a lo largo de la vida es crear riqueza. Y dado que ese es inagotable, la riqueza también lo puede llegar a ser. No darse cuenta de ello es uno de los primeros baches con que podemos tropezar en la marcha hacia el futuro.

Una economía depende fundamentalmente de unos ejes estructurales que la condicionan plenamente. Por ejemplo, las vías de comunicación física (caminos de carros o autopistas); los transportes (el ferrocarril del siglo XIX o el submarino chino supersónico que pretende hacer Shanghai-San Francisco en 100 minutos, en lugar de las 13 horas del avión actual); las fuentes de energía (agua, electricidad o nuclear).

Primordiales son, sin embargo, la investigación y el descubrimiento científico que permiten mejoras en los ejes anteriores, ofreciendo grandes avances en otros como la industria y el comercio (e-Commerce). Encabezando todo esto, tenemos algo que no obtiene aún suficiente eco: la capacidad productiva humana (entendiéndola como capacidad intelectual —Human Capital). Y, de manera complementaria, la posibilidad comunicativa, como son los niveles de información de todos estos avances.

En la actualidad estamos en una etapa que cambiará el mundo actual en todos los aspectos. Es difícil circunscribir el terreno donde se dará la próxima revolución, ya que cualquier área científico-técnica se presenta como pieza clave de la misma. Desde la existencia de nuevos materiales y de avanzados tratamientos de los mismos —a nivel de moléculas, por ejemplo, como la nanotecnologia—, hasta la industrialización del espacio. A nivel de transportes, tenemos la idea de Elon Musk que pretende transportar pasajeros a Marte, donde se quiere crear la primera ciudad fuera de la Tierra. Las actuales exploraciones robóticas hacia planetas del Sistema Solar son signos que dejarán como tema de ficción la preocupación por las limitaciones de nuestro planeta.

La tecnificación y digitalización actuales están alcanzando cotas tan altas que puede ser necesario dedicarle unos minutos de atención. La economía del mundo medieval se centró, entre otros aspectos, en la artesanía. El artesano era un manitas que fabricaba objetos con destreza y habilidad. Con la revolución industrial del siglo XIX, con el trabajo ejecutado por máquinas, el trabajador redujo su capacidad a unas tareas más sencillas —salvo especialistas y técnicos. Hoy por hoy —en este presente del futuro— y con la introducción de la Industria 4.0, se empieza a necesitar unos perfiles profesionales que se podría etiquetar de artesanía digital.

El nuevo empleado no será como el trabajador del textil del siglo XX, que en una mañana aprendía su tarea. Por el contrario, a los nuevos profesionales se les está exigiendo unos conocimientos y habilidades que resultan bastante escasos, cuando no aterradores. Según cifras de la EPA, de los 813.700 de jóvenes parados, en España, el 67% no han superado la ESO.

Pero no todo queda en el ámbito del mundo físico —industria, espacio, etc. Ya que también hay revoluciones a nivel biológico. ¿Qué tal tener unos nuevos ojos que incorporen cámara y Wifi? (¿Inventamos? Buscar info sobre MHOX). ¿Y qué sobre renovar un poco las neuronas? Actualmente la bioingeniería está haciendo avances a partir de sensores que pueden llegar a estimular muchas áreas neuronales. ¿Y las plantas? Las modificaciones de su ADN está ya despuntando para hacer unas plantas aún más adecuadas para la salud humana. ¡Todo está cambiando!

Se habla del nuevo mundo smart, inteligente. De las smart cities, de las smart houses, de las smart industrias. Pero queda oculto lo que exigirá todo esto: hombres y mujeres smarts. Como si estos no tuvieran un papel directo en este nuevo mundo. Como si fueran unos seres pasivos a los que por gracia de los dioses se les otorga unas nuevas prerrogativas, al igual que si se les regalara un nuevo smartphone. Pero las cosas nunca han funcionado así. Y es urgente darse cuenta.

Queda claro, en todo caso, lo que están escribiendo los nuevos guionistas de la obra —aquellos científicos y técnicos que lo están revolucionando todo. Hay que resituarse. Aprenderse el nuevo papel; reciclarse y hacerlo a gran escala (y al respecto hay grandes instituciones, y la UOC es una de ellas). El director de la pieza teatral —que es la de la vida con todas sus facetas— ya está haciendo el casting por los principales personajes. Es urgente no quedarse en un mero papel secundario. El título de la obra es el futuro es presente. No hay duda de que puede tener un éxito clamoroso. Quedarse como un simple espectador puede ser, como mínimo, contraproducente.

Decálogo digital
1) El cambio tecnológico es y será acelerado, provocando grandes cambios empresariales, económicos y sociales.
2) Habrá trabajos que desaparecerán. Muchos de los puestos de trabajo actuales serán realizados por máquinas.
3) Se requerirá formación especializada en nuevos campos relacionados con la nueva tecnología como la robótica, la nueva maquinaria o la analítica de datos.
4) La nanotecnología abrirá puertas a nuevos materiales, respecto a los cuales los técnicos deberán tener una alta formación.
5) Los equipos de seguridad informática deberán tener profesionales propensos a adquirir nuevos conocimientos para hacer frente a los imparables retos del hacking.
6) Big data, nanotecnología, Internet of things, cloud computing, robótica, etc., son algunas de las nuevas advocaciones del presente santoral tecnológico.
7) Los países que se muevan con una lenta dinámica formativa o con una formación anclada en el siglo XX quedarán arrinconados.
8) La miopía hacia el presente tecnológico y la falta de competencia digital podrá ser castigada con depauperación salarial o desempleo crónico.
9) Los profesionales formados digitalmente que continuamente vayan adquiriendo nuevas capas de conocimiento serán los más perseguidos a golpes de talonario.
10) Este decálogo se resume en que todos debemos ser competentes digitales y mejor si somos expertos digitales en algún ámbito. Para ello se requieren dos principios: Hay que ser activo y no ser avaro en el esfuerzo.

Artículo publicado en catalán en el periódico La Mañana de Lleida, el 12 de abril de 2015.

martes, 10 de marzo de 2015

Pistas para ser un buen profesional del siglo XXI

No todo el mundo vive en el siglo XXI a pesar de lo que ponga el calendario. A poco que se viaje, si se llega a un pueblo entre montañas, o si se viaja a otro país, como puede ser a Grecia, o a otro hemisferio, como puede ser la India, uno se dará cuenta fácilmente de que hay grandes áreas de población que viven, como mucho, en la primera mitad del siglo XX, si no en una etapa incluso anterior.
¿Cómo saber si se es un profesional bien situado para hacer frente a los retos que plantea el siglo actual, ya en este mismo presente, y que, a corto plazo y medio plazo, sus retos serán más exigentes?
¿Vives en el siglo XXI?
Este es un pequeño test que podría orientarte al respecto.
¿Tus medios de comunicación todavía son básicamente medios de información como la televisión y la prensa en papel? Si la respuesta es un sí, vives como un ciudadano del siglo XX.
¿Estudias aun basándote simplemente en libros y apuntes? Si la respuesta es afirmativa, lo haces igual como se hacía hace cuarenta años.
Como estudiante, ¿te dedicas a ser pasivo a la hora de recibir información y con poca información ya tienes suficiente y no te animas a ampliarla utilizando la red Internet, una red que permite obtener información a partir de las autoridades más expertas en el campo en el que estás trabajando o preparando? Si lo haces así, sí que eres un ciudadano del siglo XXI. En caso contrario, no; por más que utilices un smartphone o un tablet y que padezcas hiperconnectividad.

¿Eres consciente de que constantemente tienes que estar poniéndose al día en el terreno en el que trabajarás profesionalmente? ¿Te has dado cuenta que están apareciendo avances, en diferentes áreas del planeta, en el terreno en el que tú te mueves y en el que sería interesante que estuvieras en las primeras filas? ¿Estás realmente a la última?
¿Piensas que ponerse al día es leer un simple libro que fue editado hace tres años en versión original? Si tu respuesta es un sí, no eres realmente un ciudadano del siglo XXI. Puedes ser un buen ciudadano, pero no estás entre los más avanzados. Difícilmente podrás alcanzar un buen estatus profesional como el que te podrías merecer.
¿Estás en estos momentos haciendo las prácticas de un segundo idioma extranjero, habiendo superado del primero unos niveles mínimamente aceptables? Si la respuesta es sí, empiezas a ser un ciudadano del nuevo siglo. Bueno, del siglo actual.

¿Estás al tanto sobre cuáles son los periódicos y revistas digitales, mayoritariamente extranjeras, que hay que frecuentar para estar al día en el terreno en el que te mueves o te quieres mover dentro del ámbito de tu profesión?
¿Estás al día en cuanto a los nombres propios de los principales expertos, tanto nacionales como extranjeros, que están en la vanguardia del mundo profesional en el que te estás adentrando? Si la respuesta es afirmativa, empiezas a tener nota.
¿Estás al caso de cuáles son las profesiones que están hoy en decadencia? ¿Tienes un título respecto al cual hay una inflación de personas que están igual que tú buscando una oportunidad laboral, en una área donde hay escasez de trabajo?
¿Te has dado cuenta de cuáles son las tareas, los trabajos profesionales, que en un plazo de cinco años e incluso antes serán sustituidos por la automatización y la robótica? ¿Eres consciente de todo eso?
¿Frecuentas habitualmente direcciones webs de consultoras sobre recursos humanos, nacionales e internacionales, para enterarte de las nuevas demandas laborales y, en especial, darte cuenta de las nuevas tendencias profesionales? ¿Eres consciente ya de las nuevas profesiones que hoy y a medio plazo tendrán una alta demanda? ¿Eres consciente de ello? ¿O aún vas a mirar los paneles de la oficina de trabajo de la esquina, al igual como se hacía hace veinte años?
¿Estás al corriente de las webs que hay que visitar regularmente para estar a la última sobre lo que se cuece en las áreas de tu interés profesional? ¿Estás al tanto de las tendencias que hay dentro de tu área y de las correspondientes líneas de desarrollo? Si repites el sí, creeré que empiezas a ser un auténtico ciudadano del siglo XXI.
Si además de las afirmaciones a todo lo anterior comienzas a tener una presencia constante en Internet, tratando los temas que te interesan dentro del área de tu profesión, no me queda más que quitarme el sombrero y felicitarte en tanto que real ciudadano del presente siglo.