Querer hacer hoy con las herramientas TIC lo mismo que se hacía en el siglo pasado es un error. Y eso ocurre en nuestro país, aunque no tenemos el monopolio de esta conducta. Eso se ha visto largamente con las noticias que han aparecido en los medios de prensa digitales hablando de la crisis de Egipto, o de su revolución política, para decirlo más correctamente. La mayoría de los medios han sido extremadamente lentos y así les va y así les irá. (Por no hablar de que aún muchos no han entendido que el latín de estas décadas del siglo XXI es el inglés). Aún no hay versión en inglés de los principales medios digitales informativos de España. Así les va y así les irá. Empiezan a ser un "don nadie". No han estado a la altura del caso de Egipto. Al revés de lo que ha ocurrido con empresas de información como la BBC o The Guardian que en minutos añadían nueva información sobre lo que se cocía en la olla de la plaza Tahrir.
La prensa española no ha tenido reflejos. Quizás porque aún no ha entendido dónde está y en qué época. Señores, con toda mi estima, estamos en la segunda década del siglo XXI y en un mundo que se ha convertido en un pañuelo (que es la versión castellana de la repetida idea de Thomas Friedman). Y el ejemplo histórico de la quincena egípcia así lo ha demostrado. Muchas personas, desde distintas partes del globo, se han volcado para difundir, apoyar, denunciar lo que estaba ocurriendo en este territorio tan estimado y cercano culturalmente (¿hasta qué punto, en parte, nosotros no tenemos deuda con su antiguedad?). Y con las herramientas sociales, en especial Facebook y sobre todo Twitter, se han estado hermanando con aquellas personas que diariamente se enfrentaban a un poder corrupto y férreo. Se ha entrado de pleno en lo que se denomina activismo digital. Mientras tanto, las prensa española largaba su largo artículo cumpliendo su deber informativo, estilo siglo XX.
Y sin embargo, como muestra más que evidente de esta parálisis reflexiva, resulta que esa crítica desaparece tan pronto nos enfrentamos al tema del deporte rey. Las principales contiendas futbolísticas sí que se transmiten en vivo (live), vía texto (y si no hubiera razones de taquilla, se haría por streaming).
Todo ello nos lleva a la tentación de que la crítica que deberían de recibir estos medios, aún con muletas mentales del siglo XX, tal vez habría de subir de tono. Esperemos, en todo caso, que hayan aprendido la lección de sus compañeros europeos y americanos (por no hablar de otros) que han sido mucho más ágiles y atrevidos digitalmente hablando y socialmente más competentes.
En resumen, es muy probable que nuestra prensa, así como muchas otras instituciones de mando, no se han dado cuenta de que, con las nuevas tecnologías, el poder ha quedado más distribuido. Las jerarquías están ahora, para muestra el botón Mubarak, a la distancia de un clic. De un clic que no es más que una mirada terrible de miles de millones de personas que están acechando contra corruptos, inquisidores, vendedores de nubes y otras jaleas políticas que hasta ahora, teniendo los medios de prensa a su servicio, iban toreando con mucha facilidad la dispersa muchedumbre que no tenía otra determinación que el desconsuelo de su supuesto aislamiento.
Esto se ha terminado. Egipto es un ejemplo con muchos registros. Habrá que repensarlo a fondo y sacar experiencias para nuevas conductas y nuevos controles. Con las TIC, se acabó la jerarquía tranquila dominante. Éste es el eco egipcio al que se debería prestar atención.
lunes, 14 de febrero de 2011
viernes, 28 de enero de 2011
Redes & Business & Ciudadanía
Internet —la Internet más actual y más hirviente— es la que está situada en las redes sociales. Y de éstas, sobresalen dos: Facebook y Twitter. La primera, de gran vigencia y notoriedad, está cercana a una red cerrada. Muy orientada hacia dentro; focalizada hacia sus usuarios y contactos. Si no estás inscrito y por lo tanto no estás en el territorio concreto, te será difícil acceder a las informaciones colgadas en el muro. Twitter, en cambio, se puede calificar de red abierta. Puedes acceder a la información que allá se está colgando desde muchos sitios y sin tener que haber creado una cuenta. Así desde los navegadores, un poco preparado, puedes saber lo que se está cociendo, en este instante, en tal o cual punto del mundo. O lo último que se dice sobre tal gadget, innovación o asunto polémico. No hay, pues, que tener un espacio propio para poder ir siguiendo lo que dice una persona, empresa, entidad o grupo. Y dada la fluidez de este ingenio, los temas relevantes los tienes muy a mano.
Dejaremos de lado, pues, Facebook. Buen lugar de encuentro tipo "finde", con amigos y amigos de los amigos; participando en juegos y, a veces, atendiendo lo que nos dicen desde tal empresa o cual entidad. Pero, Facebook no es más que la mesa del bar de los viernes por la noche, ampliada enormemente. Cuchicheos necesarios, presentaciones y vida social (privada y semiprivada), en suma. Y las empresas deseando distraer de eso y atraerse a los facebookeros.
Twitter, si embargo, muy lejos de la otra red, está posicionándose como un lugar extremadamente interesante. Informaciones, datos, intercambios de opiniones y avisos se conjugan con propuestas de negocios, anuncios de "jobs", indicaciones valoradas y, además, el presente más inmediato (ya sea personal, que no pasa de ser reminiscencia de facebookismo y messengerismo, o de calibre político).
Twitter en estos momentos está conjugando, si se nos permite resumir, tres grandes tendencias presenciales: la profesional —que podemos abreviar con los SEO y community manager y, entre otros, los marketingteros, que son por lo general de una conducta altruista a subrayar—; la empresarial —que, dejando de lado algunos engañabobos que pretender hacernos millonarios en cuestión de semanas, además de presentar sus servicios acostumbran a aportar también orientaciones de gran valor—, y la ciudadana.
Esta ciudadanía merecería un estudio muy profundo. Si se nos permite, podríamos etiquetarla con que tiene un nivel más que medio de dominio de la red y, sobre todo, mucha de ella tiene unos conocimientos que rayan el universitario, con título o sin él. Y, además, y no es un componente desechable, tiene una sensibilidad sociopolítica relevante. Sabe que la red, esta red que es Twitter, es un valor, un canal de intercambio, no tanto de afectos (aunque no tienen porqué excluirse) como de compañerismo real y de ayuda al instante, si cabe; sin que sea obligado conocer vidas personales, o establecer lazos de amistad vía amigo de amigos. Aquí los enlaces que se establecen son a través de un valor por el conocimiento (basado, en general, en intercambio de información). Twitter, además, es una ventana a un colectivo inmenso que tiene, sin duda, un potencial a descubrir... Y este potencial está relacionado con el valor que para una ciudadanía mundial esta herramienta puede representar. Los hechos narrados recientemente sobre Túnez y Egipto nos permiten soslayar una ampliación de lo que queremos remarcar.
Twitter, sin embargo, al igual que otras redes sociales, es frágil. Lo hemos visto más de una vez... Ello requiere que esta ciudadanía que está iniciando su camino por esta red adquiera unos conocimientos TIC para superar los obstáculos políticos que, desde coordenadas autoritarias, puedan impedir continuar gozando del abrazo intelectual y sociopolítico que en momentos extremos, necesita de los colegas twitteros. Así, una tarea pendiente está darles los conocimientos para poder navegar, estando bloqueadas las redes sociales, desde coordenadas no fácilmente detectables por la extrema autoridad. Esta es, pues, una tarea pendiente y necesaria. Lograr este objetivo será dar herramientas que le permitan arrostrar la servidumbre.
Por otro lado, si no erramos en calificar a los ciudadanos twitteros como preparados para ejercer en ciudadanía, deberían las empresas que han empezado a desembarcar en Twitter no adoptar una actitud neutra en los momentos cruciales de una crisis. Las empresas en Twitter también han de dar muestras de ciudadanía y lecciones en este sentido, sin tener que por ello rasgar sus vestiduras ni dejar de continuar aportando ideas relativas a sus tareas y servicios. Pero en los momentos críticos, tal vez se vería con mejores ojos un "yo también con Túnez y con Egipto", por ejemplo (para continuar con los ejemplos de esta nota), que un silencio de equívoca complicidad.
Dejaremos de lado, pues, Facebook. Buen lugar de encuentro tipo "finde", con amigos y amigos de los amigos; participando en juegos y, a veces, atendiendo lo que nos dicen desde tal empresa o cual entidad. Pero, Facebook no es más que la mesa del bar de los viernes por la noche, ampliada enormemente. Cuchicheos necesarios, presentaciones y vida social (privada y semiprivada), en suma. Y las empresas deseando distraer de eso y atraerse a los facebookeros.
Twitter, si embargo, muy lejos de la otra red, está posicionándose como un lugar extremadamente interesante. Informaciones, datos, intercambios de opiniones y avisos se conjugan con propuestas de negocios, anuncios de "jobs", indicaciones valoradas y, además, el presente más inmediato (ya sea personal, que no pasa de ser reminiscencia de facebookismo y messengerismo, o de calibre político).
Twitter en estos momentos está conjugando, si se nos permite resumir, tres grandes tendencias presenciales: la profesional —que podemos abreviar con los SEO y community manager y, entre otros, los marketingteros, que son por lo general de una conducta altruista a subrayar—; la empresarial —que, dejando de lado algunos engañabobos que pretender hacernos millonarios en cuestión de semanas, además de presentar sus servicios acostumbran a aportar también orientaciones de gran valor—, y la ciudadana.
Esta ciudadanía merecería un estudio muy profundo. Si se nos permite, podríamos etiquetarla con que tiene un nivel más que medio de dominio de la red y, sobre todo, mucha de ella tiene unos conocimientos que rayan el universitario, con título o sin él. Y, además, y no es un componente desechable, tiene una sensibilidad sociopolítica relevante. Sabe que la red, esta red que es Twitter, es un valor, un canal de intercambio, no tanto de afectos (aunque no tienen porqué excluirse) como de compañerismo real y de ayuda al instante, si cabe; sin que sea obligado conocer vidas personales, o establecer lazos de amistad vía amigo de amigos. Aquí los enlaces que se establecen son a través de un valor por el conocimiento (basado, en general, en intercambio de información). Twitter, además, es una ventana a un colectivo inmenso que tiene, sin duda, un potencial a descubrir... Y este potencial está relacionado con el valor que para una ciudadanía mundial esta herramienta puede representar. Los hechos narrados recientemente sobre Túnez y Egipto nos permiten soslayar una ampliación de lo que queremos remarcar.
Twitter, sin embargo, al igual que otras redes sociales, es frágil. Lo hemos visto más de una vez... Ello requiere que esta ciudadanía que está iniciando su camino por esta red adquiera unos conocimientos TIC para superar los obstáculos políticos que, desde coordenadas autoritarias, puedan impedir continuar gozando del abrazo intelectual y sociopolítico que en momentos extremos, necesita de los colegas twitteros. Así, una tarea pendiente está darles los conocimientos para poder navegar, estando bloqueadas las redes sociales, desde coordenadas no fácilmente detectables por la extrema autoridad. Esta es, pues, una tarea pendiente y necesaria. Lograr este objetivo será dar herramientas que le permitan arrostrar la servidumbre.
Por otro lado, si no erramos en calificar a los ciudadanos twitteros como preparados para ejercer en ciudadanía, deberían las empresas que han empezado a desembarcar en Twitter no adoptar una actitud neutra en los momentos cruciales de una crisis. Las empresas en Twitter también han de dar muestras de ciudadanía y lecciones en este sentido, sin tener que por ello rasgar sus vestiduras ni dejar de continuar aportando ideas relativas a sus tareas y servicios. Pero en los momentos críticos, tal vez se vería con mejores ojos un "yo también con Túnez y con Egipto", por ejemplo (para continuar con los ejemplos de esta nota), que un silencio de equívoca complicidad.
Las redes sociales han de ser también una escuela de ciudadanía, y adoptar la misma actuación que en la calle real se daría ante una actitud incívica o ante un accidente de tráfico. De la misma manera que en la vida real el silencio y la indiferencia ante una injusticia puede ser equiparados a complicidad, en el mundo virtual donde las fronteras se han desvanecido, es difícilmente aceptable que se fabrique una con la excusa de una distancia geográfica, cuando, realmente, la geografía, gracias a las TIC, ha desaparecido para siempre.
Las campanas y el clamor de dolor, a las que se refería el clásico, aunque suenen en Túnez o en Egipto, suenan y claman por ti. Internet no nos permite estar distanciados.
lunes, 17 de enero de 2011
Gigantomaquia digital: Las batallas digitales
En su momento se deberá de hacer con profundidad. Es una tarea pendiente. Nos referimos a un análisis sociopolítico del presente (y del inmediato futuro) digital. Las batallas y los enfrentamientos se van sucediendo ante la indiferencia del ciudadano digital (más preocupado por, y focalizado en, sus relaciones sociales —via facebook et alteri). Y estas batallas irán a más.Las batallas que vemos de tanto en tanto son múltiples y se dan en diversos niveles.
Por un lado hay la guerra soterrada entre los gigantes digitales en su pugna por prevalecer en una posición dominante sobre los mortales (los ciudadanos digitales de a pie).
En otro ámbito, y no menos importante, está la feroz lucha entre las empresas de las nuevas tecnologías con las empresas descendientes de la revolución industrial. Esto se ha hecho evidente con la aparición de los dispositivos lectores (eReaders y tablets) y de las empresas editoras en digital (Amazon) que han provocado los primeros movimientos sísmicos en las empresas editoras tradicionales así como en las distribuidoras de libros y librerías clásicas. (Y de manera similar en las publicaciones de prensa escrita).
Estos movimientos sísmicos, sin embargo, no pasan de ser desplazamientos semejantes a los vividos en otras épocas, como ocurrió con el paso de la artesanía a la industria, o del mimbre al plástico. O, para hacerlo más patente, del coche de caballos al ferrocarril y el automóvil.
Aparte de todo lo anterior, en este panorama socioindustrial y político hay que colocar a los ciudadanos de este mundo, el digital, que se presentan estratificados, según su nivel de inmersión TIC. Por una parte están los nativos digitales y los inmigrantes digitales —los cuales, a pesar de esta supuesta diferencia, pueden caer en una misma categoría: simples consumidores de contenido de la red. Por otra parte, hay los profesionales digitales que, en un extenso abanico, muestran su destreza digital en áreas que complementan su tarea laboral —estos podrían entrar en el campo de los creadores de contenido digital. También hay los que centran plenamente su trabajo en algunas labores surgidas con las nuevas tecnologías (como pueden ser la programación web, la creación de aplicaciones para teléfonos móviles, el diseño digital, las tareas asociadas al "community manager" o el análisis de los aconteceres digitales diarios).
Desde un punto de vista más político, también habría que hacer mención de los fenómenos, al parecer surgidos espontáneamente y desde la base ciudadana, que están tomando una postura muy activa en la controversia política. Véase, como ejemplo, Anonymous.
Hay también aunque en lontananza —y esto puede parecer que cae más en el ámbito de la opinión que en el de la comprobación empírica—, otra conflagración que dentro de unas décadas podrá ser más evidente. Es la existente entre los gigantes digitales —que habrán crecido en poder, aumentando su imperio—, poderosos del mundo realmente existente (el del dominio de la información y la comunicación), esto es el mundo digital, y los poderes políticos que carecerán del abrigo que en las últimas décadas les han ofrecido los medios de comunicación tradicionales –muy amantes de la consiguiente contraprestación, ya sean subvenciones, anuncios y otras dádivas. Estos medios de comunicación tradicionales, para sobrevivir, habrán cambiado su vasallaje hacia los grandes gigantes digitales que serán los que tendrán, de facto, las riendas del viaje al futuro. Los políticos, los estados nacionales tradicionales, ya no se encontrarán encima de la cúspide donde se habrían acostumbrado a estar, sino que, aún sin desaparecer, deberán de tener presente las sugerencias y observaciones que desde arriba —desde el Olimpo digital— reciban. Entonces ya se podrá anunciar que el nuevo feudalismo se habrá plenamente instalado. Tiempo al tiempo.
Por un lado hay la guerra soterrada entre los gigantes digitales en su pugna por prevalecer en una posición dominante sobre los mortales (los ciudadanos digitales de a pie).
La última refriega, en este campo, ha sido el revés de Google a Apple y Microsoft en la cara del códec de vídeo H.264.


Una batalla inmediatamente anterior fue directamente entre buscadores y sus aliados.
Por otro lado, está la pugna entre las empresas tecnológicas digitales y las empresas de telecomunicaciones (las que dominan las redes de transmisión de información), las cuales pretenden mantener su parte sobre las ventajas futuras.En otro ámbito, y no menos importante, está la feroz lucha entre las empresas de las nuevas tecnologías con las empresas descendientes de la revolución industrial. Esto se ha hecho evidente con la aparición de los dispositivos lectores (eReaders y tablets) y de las empresas editoras en digital (Amazon) que han provocado los primeros movimientos sísmicos en las empresas editoras tradicionales así como en las distribuidoras de libros y librerías clásicas. (Y de manera similar en las publicaciones de prensa escrita).
Estos movimientos sísmicos, sin embargo, no pasan de ser desplazamientos semejantes a los vividos en otras épocas, como ocurrió con el paso de la artesanía a la industria, o del mimbre al plástico. O, para hacerlo más patente, del coche de caballos al ferrocarril y el automóvil.
Aparte de todo lo anterior, en este panorama socioindustrial y político hay que colocar a los ciudadanos de este mundo, el digital, que se presentan estratificados, según su nivel de inmersión TIC. Por una parte están los nativos digitales y los inmigrantes digitales —los cuales, a pesar de esta supuesta diferencia, pueden caer en una misma categoría: simples consumidores de contenido de la red. Por otra parte, hay los profesionales digitales que, en un extenso abanico, muestran su destreza digital en áreas que complementan su tarea laboral —estos podrían entrar en el campo de los creadores de contenido digital. También hay los que centran plenamente su trabajo en algunas labores surgidas con las nuevas tecnologías (como pueden ser la programación web, la creación de aplicaciones para teléfonos móviles, el diseño digital, las tareas asociadas al "community manager" o el análisis de los aconteceres digitales diarios).
Desde un punto de vista más político, también habría que hacer mención de los fenómenos, al parecer surgidos espontáneamente y desde la base ciudadana, que están tomando una postura muy activa en la controversia política. Véase, como ejemplo, Anonymous.
Hay también aunque en lontananza —y esto puede parecer que cae más en el ámbito de la opinión que en el de la comprobación empírica—, otra conflagración que dentro de unas décadas podrá ser más evidente. Es la existente entre los gigantes digitales —que habrán crecido en poder, aumentando su imperio—, poderosos del mundo realmente existente (el del dominio de la información y la comunicación), esto es el mundo digital, y los poderes políticos que carecerán del abrigo que en las últimas décadas les han ofrecido los medios de comunicación tradicionales –muy amantes de la consiguiente contraprestación, ya sean subvenciones, anuncios y otras dádivas. Estos medios de comunicación tradicionales, para sobrevivir, habrán cambiado su vasallaje hacia los grandes gigantes digitales que serán los que tendrán, de facto, las riendas del viaje al futuro. Los políticos, los estados nacionales tradicionales, ya no se encontrarán encima de la cúspide donde se habrían acostumbrado a estar, sino que, aún sin desaparecer, deberán de tener presente las sugerencias y observaciones que desde arriba —desde el Olimpo digital— reciban. Entonces ya se podrá anunciar que el nuevo feudalismo se habrá plenamente instalado. Tiempo al tiempo.
domingo, 9 de enero de 2011
Perspectivas sobre la Web y el vídeo digital
Predicciones para el nuevo año.
Son bastantes las voces que hablan de la muerte de la Web. En cierta medida no están lejos de la verdad ya que, como decía el clásico, todo cambia. Y la Web está obligada a cambiar si no quiere desaparecer. Cuando se habla, sin embargo, de la muerte de la Web se tiene presente la irrupción de los sites gestionados por las redes sociales (como Facebook, MySpace, Twitter, etc.) que es donde se refugia la gente o adonde se dirige la población en sus momentos digitales. La Web, y más aún los antaño conocidos como Portales, ya no sirven de reclamo para los usuarios digitales. Estos se dirigen (y nos dirigimos), realmente en manada, hacia las instituciones de los socialmedia. Si alguna web se cruza en nuestra travesía, es casi por casualidad o porque contiene algún elemento substantivo que reclame nuestra atención.
El usuario que pasea por Internet, de la misma manera que años atrás lo hacía por las avenidas de las ciudades, contempla solamente los aparadores suntuosos; los más llamativos; los más elaborados. Otra cosa es el usuario, aún muy minoritario, que trabaja a partir de datos que recoge en Internet, el cual sí que puede centrarse en algunas websites donde hallará datos que le puedan servir de ideas, referencias, sugerencias o noticias. Pero el usuario medio, que es el que interesa atraer en gran escala, está en el inmediato presente orientado y centrado en las redes sociales. ¿Cuánto durará eso? Difícil es de prever y en todo caso, si es una moda, no quiere ello decir que no se transforme en una costumbre —como lo es ya el uso del correo electrónico, aunque hayan surgido herramientas de mensajería instantánea (Messenger, por ejemplo) o de VoIP (Skype, para no ir más lejos).
Que la web se ha de renovar es pues ley de vida. Lo que se duda es sobre el cómo. Hay datos, sin embargo, que tal vez podrían orientarnos sobre sus lineas de progreso. Una de ellas quizás se ha visualizado hace escasos días. Del recien celebrado CES, uno de los resúmenes que apareció en las publicaciones digitales fue el siguiente: At CES, Video Is King. From apps to chips, the moving image is everywhere. Esto es: El vídeo es el rey, desde las aplicaciones hasta los chips.
Puede servir para corroborar este hecho la presentación de Intel en el CES. Las crónicas en este sentido han dicho lo siguiente: Formerly code-named Sandy Bridge, the new Core chips include a number of video-related technologies, such as Intel Insider, Quick Sync Video, and a new version of Wireless Display. La presencia de la tecnología de vídeo en los propios chips de Intel parecerían dar una clara indicación de hacia donde se va (o hacia donde se quiere ir).
Terminemos esta predicción sobre el futuro inmediato, recordando un tweet que publicamos el 5 de enero del presente año: The video clips will be included maybe in all websites and in digital materials as ebooks. But video with special effects and artistic. Esta idea sobre el video artístico y elaborado, como elemento de captación de visitantes digitales, puede quedar mucho más clara si examinamos el siguiente clip que no por casualidad ha aparecido en la web de Intel.
Que la web tiene mucho aún que ofrecer; que no está escrito el futuro digital y que este nos irá sorprendiendo elocuentemente, parece claro. Que se necesitan expertos y profesionales preparados para cabalgar por el mundo digital también es una predicción facil. Lo que no lo es, es si nuestros dirigentes estarán por la labor (o si les llegarán las ideas que deberían inspirarles para esta nueva andadura), y ello es problemático teniendo en cuenta que la educación está, en el presente, en sus manos.
Son bastantes las voces que hablan de la muerte de la Web. En cierta medida no están lejos de la verdad ya que, como decía el clásico, todo cambia. Y la Web está obligada a cambiar si no quiere desaparecer. Cuando se habla, sin embargo, de la muerte de la Web se tiene presente la irrupción de los sites gestionados por las redes sociales (como Facebook, MySpace, Twitter, etc.) que es donde se refugia la gente o adonde se dirige la población en sus momentos digitales. La Web, y más aún los antaño conocidos como Portales, ya no sirven de reclamo para los usuarios digitales. Estos se dirigen (y nos dirigimos), realmente en manada, hacia las instituciones de los socialmedia. Si alguna web se cruza en nuestra travesía, es casi por casualidad o porque contiene algún elemento substantivo que reclame nuestra atención.
El usuario que pasea por Internet, de la misma manera que años atrás lo hacía por las avenidas de las ciudades, contempla solamente los aparadores suntuosos; los más llamativos; los más elaborados. Otra cosa es el usuario, aún muy minoritario, que trabaja a partir de datos que recoge en Internet, el cual sí que puede centrarse en algunas websites donde hallará datos que le puedan servir de ideas, referencias, sugerencias o noticias. Pero el usuario medio, que es el que interesa atraer en gran escala, está en el inmediato presente orientado y centrado en las redes sociales. ¿Cuánto durará eso? Difícil es de prever y en todo caso, si es una moda, no quiere ello decir que no se transforme en una costumbre —como lo es ya el uso del correo electrónico, aunque hayan surgido herramientas de mensajería instantánea (Messenger, por ejemplo) o de VoIP (Skype, para no ir más lejos).
Que la web se ha de renovar es pues ley de vida. Lo que se duda es sobre el cómo. Hay datos, sin embargo, que tal vez podrían orientarnos sobre sus lineas de progreso. Una de ellas quizás se ha visualizado hace escasos días. Del recien celebrado CES, uno de los resúmenes que apareció en las publicaciones digitales fue el siguiente: At CES, Video Is King. From apps to chips, the moving image is everywhere. Esto es: El vídeo es el rey, desde las aplicaciones hasta los chips.
Puede servir para corroborar este hecho la presentación de Intel en el CES. Las crónicas en este sentido han dicho lo siguiente: Formerly code-named Sandy Bridge, the new Core chips include a number of video-related technologies, such as Intel Insider, Quick Sync Video, and a new version of Wireless Display. La presencia de la tecnología de vídeo en los propios chips de Intel parecerían dar una clara indicación de hacia donde se va (o hacia donde se quiere ir).
Terminemos esta predicción sobre el futuro inmediato, recordando un tweet que publicamos el 5 de enero del presente año: The video clips will be included maybe in all websites and in digital materials as ebooks. But video with special effects and artistic. Esta idea sobre el video artístico y elaborado, como elemento de captación de visitantes digitales, puede quedar mucho más clara si examinamos el siguiente clip que no por casualidad ha aparecido en la web de Intel.
Que la web tiene mucho aún que ofrecer; que no está escrito el futuro digital y que este nos irá sorprendiendo elocuentemente, parece claro. Que se necesitan expertos y profesionales preparados para cabalgar por el mundo digital también es una predicción facil. Lo que no lo es, es si nuestros dirigentes estarán por la labor (o si les llegarán las ideas que deberían inspirarles para esta nueva andadura), y ello es problemático teniendo en cuenta que la educación está, en el presente, en sus manos.
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