miércoles, 10 de octubre de 2012

Partidos políticos del siglo XIX en plena Era Digital

Estamos de lleno en el siglo XXI y resulta que algunas de las estructuras por donde nos movemos son del siglo XIX. En concreto, nos referimos a los partidos políticos de nuestros lares. Partidos con eslóganes, nombres y canciones que proceden del siglo XIX o, como mucho, de inicios del XX. Partidos que con facilidad miran al pasado pero que tienen dificultades para atisbar el futuro. No son instituciones que están viviendo la atmósfera de las TIC, aunque tengan una web —también la tiene la churrería de la esquina; y si le pregunto al churrero por el futuro TIC de sus productos, me mirará como si viese un marciano. Pero el churrero, con sus dudas, se juega su futuro; con los políticos es muy distinto: nos jugamos nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Las webs de los partidos políticos son webs con perfil del año 2000, por dar fechas. Son webs que aún continúan siendo cómo los púlpitos de las iglesias, desde donde el cura, en la misa del domingo, daba consejos a los fieles y apuntaba las coordenadas permitidas por donde moverse. Hoy las webs de los políticos, sus púlpitos digitales, son y continúan siendo verticales; de arriba abajo. En lugar de fieles tienen afiliados. Y no han entendido que eso ya no se lleva y que la vorágine del mundo digital —¡Nada será igual al ahora presente dentro de 10 años!— se los llevará por delante, dejándolos en la cuneta.

Entre el púlpito digital y el cenáculo digital
El mundo digital permite técnicamente muchos cambios —imprescindibles e imperativos. El mundo TIC junta nuevas mayorías; selecciona y aglomera por niveles, preparación y orientación; reagrupa, dejando de lado distancias; pone a mano informaciones que, años ha, requerían esfuerzos y días. Las TIC empujan hacia cambios que tendrán, a la corta o a medio plazo, incidencia en el mundo de la participación y de la creación de entidades políticas.
La web de los partidos no puede seguir siendo una web estática; un aparador pasivo y propagandístico por más que se utilicen cosméticos tipo Facebook o Twitter.
Estas herramientas continúan siendo verticales: dar consignas a los afiliados o vender algunos productos.
Un partido político en un mundo TIC debería de saber utilizar las herramientas digitales para estimular la participación, la ilustración, la formación, la reflexión, la innovación y la creación de nuevos líderes. En suma, fomentar la vida sociopolítica en la era digital. Todo ello más allá del simple foro, convertido en muro de las lamentaciones.
Participación. En cualquier empresa seria del siglo XXI, ningún dirigente se atreve a presentarse hoy como la persona que más sabe sobre todos sus productos. En la industria moderna se valora el dirigente que sabe rodearse de gente que sí que es óptima en cada uno de los niveles o ámbitos de la misma. Nuestros políticos, en cambio, como rémora de una época de monarquía y nobleza, inspiradas por Dios, aún siguen asumiendo —y creyéndose— como los mejor dotados en intuición y conocimiento en todos los sentidos. Nos abstendremos de poner ejemplos.
El mundo web de cada partido debería de fomentar la participación —con nombres y apellidos, y registro autentificador— a partir de problemas, temas, sugerencias y sobre el futuro, aprovechando los saberes inmensos que la multitud puede aportar. Este canal de discusión y debate sería, además, una forma de descubrir y seleccionar cerebros, personas preparadas que, con o sin carnet, podrían más adelante insertarse en tareas concretas para solucionar casos concretos. Y eso queda más allá de los Me gusta del Facebook, o de los comentarios al viento de los tweets. En definitiva, adentrarse en el crowdsourcing.
Reflexión. Lejos de las consignas, jaculatorias, maniqueísmos y pomposas palabras vacías, se debería de poner en la palestra, en debate, el presente —y dejar para los historiadores, la preocupación por los años 40, 60 u 80 e incluso la primera década del siglo actual; la preocupación por lo que podríamos haber sido y no fue. Sin embargo, muchos partidos han perdido la brújula (y de ahí su empeño a mirar el pasado; hacia un socialismo que no ha existido —seamos magnánimos— o a un nacionalismo que se da coces con el mundo de la globalización donde existe China con 1400 millones de habitantes, Índia con 1250 millones o Brasil con 193 millones).

Y dadas las coordenadas actuales (pronta irrupción de la robótica, de la nanotecnología, etc.) el debate reflexivo debería de girar sobre el futuro inmediato. Y todo ello jugando con herramientas como las videoconferencias, vídeos grabados, material de discusión con libre acceso (mediante registro), documentos participados online, reuniones de debate con acceso digital (de oyente o participante, según el grado de inserción en el partido).
Oigo ahora quejas aludiendo al secretismo inviolable del partido. Quejas que recuerdan las aventuras de Aviraneta dentro de los grupos clandestinos de carbonarios y masones (¡siglo XIX!), que describe Baroja. ¡Ay! Que lejanos están aún los actuales partidos políticos. ¿Acaso no han atisbado ni un momento en lo que Daniel Kahneman llama ‘Adversarial Collaboration’?
Las webs políticas deberían de ser centros de recogida de propuestas, con datos y cifras, para —de arriba abajo y de abajo arriba— dotar de ideas fructíferas y realmente posibles (y no sólo literariamente elocuentes pero huecas e inoperativas) que a la vez de dar líneas de actuación real hacia el futuro servirían también para educar a los de abajo —evitándoles la tentación de caer en el infantilismo de pedir lo imposible— y forjar nuevos dirigentes que tendrían más bagaje para implementar lo que han de ser propuestas de salida. (Y en paralelo, huir de la tentación de continuar formando parte de la élite extractiva según el análisis denuncia de Daron Acemoglu, en especial aquí).
O se consigue que la web de los partidos políticos sea más viva, pasando a ser una auténtica herramienta de intercambios intelectuales reales, o aparecerán entidades o empresas que harán lo mismo —pero desde una óptica y eficiencia empresarial. Y empezarán a promover proyectos para 'gobernar' ayuntamientos o entidades superiores. ¿Quien en su momento podía intuir que la nobleza desaparecería? ¿Por qué se cree en la perennidad de los partidos políticos actuales? ¿Dónde está escrito? El mundo TIC es realmente revolucionario, sólo falta que se sea consciente de lo que pueden ofrecer sus herramientas. O se da paso a un hervidero web político, o pronto vendrán los que se apuntarán a su reemplazo. (Un último flash que puede ayudar a romper clichés y creencias: ¿Quién iba a suponer hace 15 años que empresas digitales como Google o Apple llegarían a ser tan potentes, tan gigantes, que superarían a muchas grandes industrias tradicionales?).

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cómo crear un ebook con información de la Wikipedia

Una noticia excelente es la que nos acaba de regalar el equipo de la Wikipedia. Ahora con los artículos que contiene podemos generar amplios documentos y convertirlos a formato ebook, para nuestro deleite intelectual y sin tener que depender de una conexión a Internet.
Al final de este post hallarás un enlace a un tutorial detallado del procedimiento.
El proceso es muy simple. Una vez elegido un artículo, deberemos dar la pertinente orden de comenzar a crear el libro...
Dada esta orden, todos los artículos que queramos añadir, sólo deberemos de indicarlo.
Una vez elegidos los artículos, pasaremos a poner un título al documento o libro final, aunque antes podremos cambiar el orden de los distintos documentos y eliminar algunos, si cabe.
El último paso será elegir el formato digital y dar la orden de descargar.
En cuestión de minutos tendremos nuestro PDF, en este caso, en nuestro PC, con todos los artículos bien ordenados.
Una opción que también nos facilita Wikipedia es la sugerencia de otros artículos que pueden aumentar y enriquecer nuestro libro definitivo. Wikipedia actúa como un mayordomo cultural.
Encontrarás un tutorial detallado de cómo crear un ebook con la Wikipedia aquí. ¡Ahora ya no tienes ninguna excusa para no ser tu propio editor!

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Progreso adecuadamente hacia el fracaso profesional en la era digital

Estamos a primeros días de un nuevo curso, después de un tenue período vacacional, si lo miramos desde Europa. Ahora es cuando empieza de nuevo a arrancar la máquina; y de manera muy clara el curso escolar. Hablaremos de eso, pero antes vamos a echar un vistazo a la bolsa más tech, el Nasdaq. ¿Qué tal si miramos cómo estan las acciones de una de las más reconocidas empresas tech como es DELL?
¿Y si miramos AMD, empresa de muchos de los procesadores de los ordenadores que hemos usado durante años?
Ambas imágenes nos han de servir para darnos cuentas de que lo que funcionó ayer por la tarde, tómese eso como metáfora, ya no sirve. Que nuestro mundo —¡en el tercer milenio!— lleva una dinámica que exige estar ojo avizor para saber por dónde van y por dónde van a ir las cosas. Y hay que huir de la fácil tentación de quedarse repitiendo y reproduciendo lo que hasta ahora mismo había funcionado. Eso lleva al fracaso más estrepitoso. Repásese las acciones de DELL o AMD y verán que aquello que valía mucho, hoy vale la mitad de la mitad. ¡O menos! Y eso es debido no a las malignidades del mercado, sino al hecho objetivo de que los productos que vendían estas empresas ya no se venden (o se venden mucho menos —cierto, ¡no nos compramos ordenadores cada semana!— y el mercado de DELL y AMD está bastante saturado). Y esto son hechos (y no deseos o valoraciones). Las cifras —¡ay, Pitágoras, cuánta razón tenías!— no engañan.

Pues a pesar de estas evidencias que cualquier persona con interés de observación vería fácilmente, resultan que son todo menos evidentes por estas tierras que vieron crecer a Gaudí y que hoy, junto con el Barça, son motivo de admiración. Pero sólo ámbos (Gaudí y Barça) son motivo de orgullo, porque sus políticos, los de aquí y por la parte que les pertoca, los de más allá del Ebro, no han pasado aún la hoja de calendario (del mes, ni la del siglo, ni la del milenio). Continuan con proyectos embaucadores sobre educación. Continuan con un pseudopaternalismo educativo que lleva a los jóvenes a un fracaso cantado. ¿Muestras?
Echemos un vistazo a un periódico como La Vanguardia el cual con fecha del sábado, 14 julio 2012, página 22, nos presenta un informe sobre las preinscripciones en las siete universidades públicas catalanas. 48.240 personas, chicos y chicas la mayoría, se han inscrito para obtener una plaza universitaria. Hecho, de entrada encomiable, pero..., hay algunos puntos negros en este hecho. Muchas de estas personas después de 4 ó 5 años no encontrarán ningún trabajo relativo a sus estudios. ¿Quieren que les cuente de qué trabaja aquel ex-universitario, con el título de sociólogo en el bolsillo? ¿Quieren que les cuente de qué trabaja aquella joven, que ahora vive en Madrid, con su título de licenciada en Ciencias Políticas colgado en el comedor? Joven, por cierto, que me pedía con dolor consejo después de haber fracasado enviando currículos inservibles para la empresa de hoy. ¿Hasta cuándo habrá que esperar para que nuestros políticos —y esperemos que tengan algún título superior al de 'bachiller'— tomen el asunto seriamente y no lleven a un fracaso cantado a más generaciones?
Pero continuemos con el informe del susodicho periódico y repasemos la imagen anterior y veamos qué es lo que más atrae a nuestros estudiantes. Nuestros futuros universitarios quieren ser médicos, psicólogos y maestros. Y hay muy pocas vocaciones para ingenierías. Y así nos irá. ¿Se sabe cuántos médicos se necesitan? ¿Se sabe cuántos maestros serán necesarios dentro de un lustro? ¿Se les ha dicho eso a estos estudiantes? ¿Se les ha explicado qué demandará el mercado? ¿El que? —oigo que el encopetado político de turno me pregunta. ¿El maligno mercado? —añade.  Sí— respondo, recordando la negativa de una sobrina, con título de traductora e intérprete en alemán, que ha rechazado trasladarse a Rusia para un trabajo adhoc. En fin, personas con síndrome siglo XX.
Añadamos que no deja de sorprender que en el mismo periódico, que tiene como referencia este documento oficial, se subralla con sorpresa que no ha variado la demanda de estudiar arquitectura —en un país donde hay viviendas construidas y sin habitar para más de una generación. Y, por otro lado, véase la imagen siguiente donde se ocultan detalles sobre los títulos con menor inscripciones —toda una conducta pseudosoviética que pretende ocultar un mal uso del dinero público.
El periódico, honradamente, ofrece unas cifras del año anterior que son espeluznantes (por lo que se da en las universidades y por lo que no se da —como es la Ingeniería de Sistemas Electrónicos por la UPC).
¿La catástrofe está cantada? Una más se dirá. ¿Cómo lo podemos afirmar? Mirando lo que están haciendo otros países. Del STEM hace ya tiempo que hablamos de ello. Y en Catalunya y España viviendo no en Marte sinó en Plutón. En Catalunya sí, es cierto, preocupa la Universidad.
Sobre todo preocupa quién puede ser rector, quien puede mandar. Los políticos han visto una brecha para encontrar otro merendero, que diría Pérez Galdós. Eso sí, con una vestimenta ideológica que oculte la zona del forraje, continuando con metáfora que firmaría Galdós.
Hace unos años (en 2010), a bombo y platillos, se lanzó el proyecto de un portátil para cada alumno, en varias zonas de la península, pensando que eso, cual varita mágica, convertiría en alumno TIC a todo bicho escolar viviente. Por este mismo razonamiento, conducir coche debería ser equivalente a saber construir uno. Y eso, señores políticos, con bachiller o sin él, eso no es así. Para crear una futura sociedad activa en las TIC se requiere otras cosas. ¿Por ejemplo?
Los estudiantes de Estonia —del grado 1 al 12— serán encaminados hacia la programación de webs y aplicaciones para PC y smartphones. Eso sí que es usar realmente el cerebro con las tecnologías; lo otro, lo de nuestro país, es jugar con ellas (y lo dice quien fue desde la última década del siglo XX profesor de informatica de usuario con alumnos de enseñanza secundaria). En Estonia se han dado cuenta —¡han abierto los ojos!— que las empresas... "Many companies struggle to find decent programmers", buscan buenos programadores. ¿Estonia? ¿Qué pinta Estonia aquí? Pues, tu Skype, este programa que usas para comunicarte mediante videoconferencia con tus amigos y conocidos fue desarrollado por programadores de Estonia y dirigido por los estonios, hasta hace poco en que fue comprado por Microsoft por 8,5 mil millones de $ en efectivo. Y esto sí que es hacer país.

miércoles, 25 de julio de 2012

El dios digital que todo lo ve

Hoy en un mensaje a una de mis interlocutoras preferidas se me ha aparecido el dios digital. Quien firma esto era hasta estos momentos un escéptico, pero ha llegado el momento de pedir perdón y reconocer los errores de la incredulidad. Los hechos han ocurrido del siguiente modo.
Recibo un correo de una de las más inteligentes empresas de edición de libritos digitales (gratis; con anuncios inteligentes e incluso provechosos en cada n páginas). Me refiero a bookboon que es una empresa editora que tiene muchos, muchos libritos interesantes para prender de ellos e incluso disfrutar con ellos (por ejemplo las guías de viaje). Sin pensarlo ni un instante accedo a la web para bajarme algunos de los PDF que me pueden ayudar a ponerme al día en inteligencia emocional, etc.
De inmediato estas neuronas que no controlas y que te transportan a los momentos más intensos de la vida, se desatan y te plantean: 'Estos libritos le irían bien a Alicia'. '¡Es verdad!, me respondo. Y de inmediato preparo el mail para mi interlocutora que, por aquello del placer de usar un seudónimo equívoco, utiliza uno de varón.
El caso es que le comento la información sobre los libritos, pero además lo hago en un diálogo dirigido a un 'varón' (recordemos que es una dama la receptora del futuro mail). Y como lo trato de 'bonic' en lugar de 'bonica' (bonito / bonita) y le mando un besazo (un 'petonàs'), me río del sr. Google que difícilmente podrá entender que mis 'supuestos amores' diverjan yendo de mujeres a hombres. El sr. Google 'anirà de corcoll', apunto. (El sr. Google irá de cabeza).
Cuando estoy a punto de mandar mi mensaje del Gmail, la divinidad, que todo lo ve, me avisa...
¡Ha leído mi mensaje! y ha entendido (erróneamente) que le adjuntaba algo y me avisa: 'En el mensaje has escrito "adjunto"... ¿Quieres adjuntar algún archivo?'
Ahora sí que creo en el dios digital, el que todo lo ve y por eso (casi) lo sabe todo.
Pero, sin caer en pesimismos adelantados, voy a detenerme ahí en la anécdota, evitando la tentación de entrar a fondo en la categoría (el 'gran hermano', la manipulación, el fin de la libertad, etc.). Mi vendedora de fruta también sabe quien es mi esposa y cuando me ve que doy un beso a mi hermana (a quien no conoce) abre los ojos como pámpanos. Por no hablar del cajero de mi banco cuando voy a pagar los impuestos. Éste incluso se sabe de memoria si están en rojo las cifras de mi libreta. ¡Ay!