sábado, 2 de julio de 2011

24symbols o cómo leer en las nubes

Una de las virtudes mejores del individuo humano es la de poder leer. Muy recientemente ha aparecido, ya en abierto, un sistema para leer en las nubes (in the cloud). Se trata de 24symbols. Para exponer con mayor claridad de lo que se trata, nos ahorraremos palabras si mostramos  imágenes. Adelante, pues, con las primeras...
Los primeros pasos consisten en la inscripción. Y acto seguido aparece la ventana de las novedades.
Con un simple clic sobre la portada de un libro, tendremos acceso a una síntesis del mismo.
No hay pérdida para encontrar el botón que nos permitirá leerlo en la pantalla del navegador. (También hay la opción de comprar el texto en formato ebook). ¡Accedamos al libro!
A partir de la portada, tenemos acceso a todas las páginas del libro. Podemos, también, cambiar la medida de la letra, así como acceder a los marcadores y notas que posteriormente creemos. Pasemos página y accedamos al texto!
Fijémonos dónde habrá que poner el ratón para pasar página; aunque también podemos usar las teclas del cursor. Si queremos crear una anotación, seleccionaremos el texto con ayuda del ratón y aparecerán las opciones...
Si el proceso se ha hecho correctamente, el texto quedará así...
A esta anotación siempre podemos acceder de manera directa...
¿Que algunos de los libros son nuestros favoritos? ¿Por qué no marcarlos? 
¿Por qué no guardar algunos de los libros en 'nuestras' carpetas? Creémoslas y ordenemos nuestras preferencias...
Ahí es donde se necesita más pericia, no siempre es fácil 'introducir' el libro en la carpeta. Si el proceso resulta correcto, recibiremos un aviso.
Recordemos que siempre se puede comprar una edición en ebook de los libros. Y qué mejor que regalar a un amigo un libro que nos ha gustado. Con ello obtenemos dos triunfos, agradecer a un autor su esfuerzo y obsequiar a un amigo con algo que nos ha gustado mucho. 
Por último, no nos olvidemos de salir de nuestro espacio de lectura en las nubes de la manera adecuada... 
PS. La novela que ilustra este minitutorial se ha elegido a modo de ejemplo sin tener en cuenta su valor literario ni los gustos del autor de este blog.

lunes, 13 de junio de 2011

El Oeste digital : ¿En manos de bandoleros digitales?

Que el mundo está cambiando no es una perogrullada. No sólo están cambiando las técnicas, con las tecnologías de la información, sino que también están sufriendo cambios los usuarios que han entrado, más bien ingenuamente y alentados, al mismo. El mundo digital se está convirtiendo en un Oeste más rápidamente de lo que se creía. Y al igual que siglos atrás existían los bandoleros —en Catalunya, por ejemplo, Joan de Serrallonga y Perot Rocaguinarda  (el Roque Guinart del Quijote!)— que asaltaban con la cara tapada a los que se atrevían a cursar viaje —navegar con la diligencia de la época—, hoy de nuevo existen los que aparecen con la cara tapada, anónimamente, asaltando a quien se ponga delante en sus travesías digitales. Y también como entonces, revistiendo su quehacer maleante con la capa de ayudar al desvalido y al grito de impartir (su) justícia.
Nunca como en el presente se había visto la fragilidad con que el mundo digital se está construyendo. Toda, y cuando decimos toda nos referimos también al supuestamente intocable MacIntosh o a la tecnología Linux, toda la tecnología digital está extremadamente expuesta a los pinitos hackeristas de cualquier informático que se otorgue la corona de 'servir al pueblo', y hacer lo que se le antoje, padezca el pueblo o no.
Se nos dice que los objetivos de estos ataques son los gigantes digitales, de quienes hemos hablado muchas veces, manteniendo nuestras reservas al respecto. Pero cuando el grupo bandolero Lulzsec ataca, por ejemplo, a Sony y publica datos de un millón de internautas, lo que está haciendo anula las supuestas virtudes benéficas de su acción. O cuando se ataca la compañía de seguridad RSA y quedan comprometidos datos de 280.000 clientes, de nuevo la obra de misericordia del bandolerismo digital queda completamente empañada. O cuando Inteco denuncia el robo de datos de 20.000 clientes que son desparramados por la Red, algo grave o muy grave está sucediendo.
Esto es el Oeste digital. No hay leyes (o no se cumplen), no hay jueces (o no ejercen) y no hay respuestas serias y rápidas por parte de quienes, en tanto que realmente representantes de la población, deberían de asumir responsabilidades. Hechos como el cierre de la plataforma PlayStation Network por un asalto que afectó a los datos de cien millones de clientes y la de Sony Online Entertainment, que afectó a otros treinta millones de internautas no pueden quedar —como está quedando— como simple tema noticiable y, además, con mirada si no benevolente cuando menos neutral. Es de hecho un problema grave de inseguridad digital.

Hay que darse cuenta que lo que está sucediendo es un aviso de lo que, a gran escala, puede proliferar dando fin al aún no nacido mundo digital que se está construyendo. Nos referimos al cloud computing. Al mundo en la nube donde las empresas con sus informaciones estarán en la red, abandonando residencias físicas; donde las aplicaciones de nuestros desktops también ahí estarán ubicadas —del mismo modo como ya ocurre con los correos electrónicos que tenemos en Gmail, Hotmail o Yahoo.
El cloud computing —el nuevo paso digital previsto— está más comprometido que nunca por estos ataques por parte de asaltantes transvestidos de bandoleros benéficos que hipotecan su desarrollo, que en último término es el de cada uno de nosotros. Si se preguntaba el poeta John Donne 'por quién doblan las campanas', ya es hora de darse cuenta de que cuando ocurre un ataque hacker, 'a quién atacan también es a ti'.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Más allá de la edad de piedra digital; hacia los muros digitales

A partir de una aparente inocentada… (April Fool's joke) de Google (Gmail motion), y de otros detalles digitales, nos atrevemos a vaticinar los nuevos pasos de la tecnología en esta segunda década del siglo. Nos encaminamos hacia los muros digitales.

Hay un principio de economía así como un principio de creación que mueven el mundo (y lo han movido en otras épocas). Qué fueron sino las grandes obras arquitectónicas de Grecia y Roma, por no hablar de las respectivas de los egipcios o de los conductos acuíferos de la Creta minoica. Economía y creación, espíritu emprendedor, en suma, están hirviendo en algunas calderas de la sociedad mas avanzada, como es la digital. 
La dialéctica de la industria digital (con sus gigantes como Google, Apple, Microsoft y otros que quieren emularlos) genera un inagotable surtidor de nuevas iniciativas (ahora los tablets en pleno fulgor, los dispositivos con capacidad 3D, el 3D printing del que se hablara mucho más en un futuro cercano, etc.), que actúan como espoletas de negocio. Pero a la vez, y eso lo queremos subrayar, son creaciones de los Leonardos de nuestra época. Sin los creadores —sin las personas que se rigen o son regidos por el espíritu de creación—, nada habría  cambiado ni nada cambiaría en nuestro inmediato futuro. Y ese espíritu de creación también es imparable.
Y unos sorprendentes cambios se intuyen y nos van a dejar tan pasmados como ocurrió hace más de una década cuando mediante chat, hablábamos con personas situadas en las antípodas y les mandábamos mensajes que podían leer de inmediato. Este hecho, que hoy nos resulta tan común, en su momento fue revolucionario.

¿Pero de qué cambios hablamos? ¿Acaso con la Internet móvil no concluye la revolución digital? Ahí está el error; en la baja perspectiva de los que no estamos insuflados por el principio de creación. Los artilugios que tenemos entre manos (PC, tablets, smartphones, etc.,) no son más que componentes de la edad de piedra digital. La siguiente etapa, la de los muros digitales esta llamando a nuestra puerta. Aunque, confesémoslo, es verdad que de ello solo hay indicios, algunos de los cuales han aparecido estos días. Veamos algunos ejemplos más.

¿Qué solidez hay en las anteriores palabras, sobre si todo eso se llevará a cabo? Resumámoslo: La industria ha de seguir su dinámica comercial; los PC son maquinas casi obsoletas, además de paralizantes —estar quieto; es decir, sentado horas y horas ante una de estas maquinas inventada hace ya 30 años es en cierta medida esclavizante. Por otro lado, las diversas ventanas informativas a las que debemos de atender quedan muy maltrechas por causa de las ridículas pulgadas de las pantallas de nuestros monitores (por no mencionar las de los tablets o smartphones). En definitiva, los muros digitales (sin duda con dotes inteligentes para reconocernos y entender nuestras palabras) estarán a nuestro alcance en la próxima década, aunque no nos extrañará si llegan mucho antes.

domingo, 1 de mayo de 2011

Los dioses digitales lo ven todo

Dios lo ve todo fue una de las frases más repetidas en muchas infancias. Ahora, sin embargo, de mayores, creíamos que esta habilidad del Sumo Poder había desaparecido, incluso en sus manifestaciones bajo el prisma de las dictaduras políticas. En ellas, aunque no era fácil, uno podía escurrirse de ser observado. Pero ahora con las tecnologías digitales y algunos proyectos megalómanos, está reapareciendo no siempre con la bondad paterna celestial que se atribuía a la divinidad clásica. Apple y Google, dos de los más importantes gigantes digitales, están entronizándose en este empeño observador y con su pugna implacable están dándose palos en nuestras cabezas, esto es, mediante nuestros móviles y, casi lo último, a través de nuestras propias ventanas.
Ser detectado en la red, sin embargo, no es una cosa nueva. Hace unos pocos años, asistí a una charla de los Mossos d'Esquadra, la policía de Catalunya, donde se informaba de las técnicas digitales que tenían para detectar conductas paidófilas a través de la red. Todo lo que se baja, desde un simple MP3 a una simple imagen PNG, se sabe de donde sale y adónde llega. En qué servidor está y a qué IP llegará en unos instantes. En la mencionada charla, se indicaba que su centro de atención estaba en lo paidófilo, dejando lo demás de lado (quizás por la inmensidad del océano intercambiable). En todo caso, nuestro PC, a través de la IP (equivalente al número de teléfono) o de la dirección MAC (el número identificable correspondiente a la tarjeta de red, mediante la cual accedemos a Internet), está constantemente situado y en la expectativa de ser visto (sólo hace falta que alguien lo mire). Pero, cuando el PC está cerrado, nuestra privacidad regresa al nivel de mediados del siglo XX, cuando sólo el vecino, el panadero o los transeúntes habituales tenían una lejana información de por donde íbamos y con quién.
Ahora, con el móvil en el bolsillo, ha regresado la divinidad observadora. Ahora se puede saber donde estamos en cualquier momento. Tanto Apple, con sus dispositivos, como Google con su Android, estan al tanto de nuestra localización. De dónde estamos. (Dejemos a un lado especular sobre lo que podrán llegar a saber de nosotros, más adelante, sólo por el simple hecho de llevar el móvil en el zurrón). Sin embargo, la localización geográfica ya hace un tiempo que ha empezado a introducirse en nuestro PC, sin nuestro permiso, ampliando lo que las famosas cookies van anotando de uestros paseos por el ciberespacio.
El proceso que siguen estos dispositivos móviles es el siguiente: iPhones e iPads (y Android, en casa Google) hacen un seguimiento secreto de sus dueños determinando su ubicación mediante la triangulación respecto a la más cercana torre de telefonía celular. Estos datos resultantes son guardados en un archivo que es transferido al ordenador cada vez que los dispositivos se sincronizan con él. Por ahora parece que los datos no son enviados a la sede de las divinidades digitales, pero sí que es una información que, vista la brillantez de los hackers con los botnets, generará un nuevo negocio con el acceso y posterior venta de este tipo de informes. (Una fase más creativa que el simple recolectar y vender direciones de e-mail). 
Cuando en el primer párrafo hemos hablado de 'a través de nuestras propias ventanas' no lo hacíamos en plan metáfora, sino stricto sensu. Véase para confirmarlo estas imágenes de Shanghai tomadas en un día cálido sin que sus habitantes fuesen conscientes de que Dios (casi) lo ve todo.  
No nos ha de estrañar eso que acabamos de pincelar, estamos en la sociedad de la información. Más pronto o más tarde, los dioses digitales lo verán todo y lo sabrán todo de nosotros.
¡Que el dios clásico nos acoja! Pero mientras tanto, puede ser aleccionador dar un vistazo a lo que en el presente, y por la ventana, los dioses digitales ya pueden ver.