miércoles, 27 de julio de 2011

Primeros temblores de la Atlántida digital (Cuento preventivo)

Hubo un tiempo en que el orgullo humano se desbordo y expulso de su territorio a los bibliotecarios. Las polillas se cernieron sobre los libros y los ratones se hicieron cargo de sus páginas. Las bibliotecas fueron transformadas en salones de maquinas, todas conectadas a grandes velocidades a la red. Los bibliotecarios fueron expulsados de este territorio pero para suavizar el golpe, se ordeno que fuesen acompañados por los impresores y los libreros, que llegados a las zonas desérticas fueron extinguiéndose sin dejar rastro.
Fue una época feliz. De cuento maravilloso. Pero todo tiene su fin porque los dioses siempre castigan el orgullo. Las máquinas empezaron a estropearse, los discos duros, donde habían quedado recluidos los libros dejaron de responder adecuadamente. Muchos clústers, cuando aun rodaban los discos, estaban vacíos habiéndose escurrido por estos agujeros digitales páginas y paginas del Quijote, de Hamlet, de Raskolnikov y de Gregorio Samsa, entre otros muchos.
También habían desaparecido textos y textos de Heisenberg, de Newton, de Pitágoras, de Kant y de Francis Bacon. Ya no se hallaban documentos sobre técnicas arquitectónicas, ni sobre tensiones de cables para puentes levadizos. Se habían transparentado los ficheros correspondientes a los motores, tampoco se encontraban ebooks de álgebra y los documentos sobre las reacciones químicas también habían sido atacados por la invisibilidad.
Los males nunca vienen solos. Los hackers habían desarrollado técnicas para agotar baterías, las cuales tenían una vida media que no superaba los sesenta minutos. Las conexiones a la red eran casi imposibles por los filtros y corazas protectoras que impedían las más de las veces llegar al destino deseado. También podía ocurrir que el malvado digital de turno te tomase como chivo expiatorio y te torpedease con distintos tipos de descargas tensionales provocando la muerte súbita del procesador.
Todo ello a menudo venía acompañado por la desaparición de carpetas, como aquella donde reposaban las trescientas fotografías digitales de aquel feliz verano por Venecia y Praga. Sí que habías pasado algunas de las imágenes a un documento PDF y te habías concedido el lujo de imprimir las quince páginas con aquella impresora de color. Pero de eso ya hacía más de veinte años y las hojas de papel, amarillentas ahora, habían perdido la tonalidad, y las imágenes de las mismas se habían convertido en sombras de lo que debían de reflejar.
Era el principio del fin, pocos se daban cuenta de lo alto a lo que se había llegado y de lo fuerte que podía resultar la caída. La fragilidad digital no había sido nunca tema de estudio y ahora los temblores, cual Creta digital con soberbios palacios digitales de los nuevos Minos, empezaban a dejar de ser excepcionales. El regreso -perfecto antónimo para progreso- podía  ser muy duro.

martes, 12 de julio de 2011

Comprar paseando en el siglo digital

La principal riquesa de cualquier persona es el tiempo. El tiempo propio. Tiempo para mí. Tener tiempo para administrarlo. He ahí un tesoro que a veces no valoramos bien. La tecnología nos ayuda en eso, aunque tal vez ocupa nuestro tiempo libre en demasía y, cosa peor, con futilidades. Sin embargo, la tech también nos ayuda, y puede ayudar mucho si le damos un empujón, a ahorrar tiempo. Sobre todo puede ayudar a aprovechar tiempos muertos como ocurre en las grandes ciudades con la espera del metro, tren o autobús. 
Un país: Corea del Sur. Una tecnología: la tecnología asociada a los códigos QR. De hecho nada nuevo. Lo que es nuevo es la inteligencia de coger cuatro bagatelas tecnológicas de las que se viene hablando hace más de un año y colocarlas en manos de los usuarios que, sin dudarlo ni un segundo, se han puesto al día para aprovechar las buenas ideas. En suma, reflexionemos: tecnología e inteligencia para implementarla en aquello que puede interesar al usuario de la segunda década del siglo XXI dotado de un smartphone -es decir, millones! Eso es lo que se ha hecho. Pero, reflexionemos más. Lo que es realmente nuevo es lo siguiente: Si el usuario no va a la web, ¡acerquemos la web al usuario!
Una empresa, Tesco, al objeto de impulsar las ventas online, ha cubierto los muros de estaciones del metro de Corea del Sur con fotos de las estanterías de sus tiendas. Cada elemento que aparece en la estantería lleva el correspondiente código QR que es leído y reconocido por los teléfonos móviles y los viajeros, mientras esperan la llegada del servicio público, aprovechan la ocasión para informarse de los productos y hacer alguna que otra compra online. Como es habitual en este tipo de comercio -eCommerce-, dentro de pocos días llegarán a casa los productos comprados mientras se estaba aguardando que transcurrieran las cinco minutos con que siempre nos premia el transporte público. 
Según informa la propia compañía, las ventas en línea crecieron en esta campaña un 130% y los clientes nuevos registrados aumentaron un 76%. No tenemos confirmación de estas cifras, pero el sentido común nos hace suponer que los ciudadanos coreanos supieron aprovechar el regalo de tiempo que les ofrecía el sistema.
¿Que por ahora sólo se ha colocado en las amplias paredes de los andenes de los metropolitanos? Por algún sitio se ha de empezar. Aunque, ¿cuánto tiempo habrá que esperar para poder comprar paseando por las principales avenidas, sin tener que entrar necesariamente en las tiendas, sufrir larga cola y sin obligarnos a acarrear paquetes cuando estamos con nuestros amigos o en pareja, en tanto que deambulamos como simples flâneurs
No dudamos de los tecnólogos, que hay muchos y con excelentes ideas; tal vez tendamos a dudar de los emprendedores a los que les cuesta situarse en la dinámica de su propio siglo.

sábado, 2 de julio de 2011

24symbols o cómo leer en las nubes

Una de las virtudes mejores del individuo humano es la de poder leer. Muy recientemente ha aparecido, ya en abierto, un sistema para leer en las nubes (in the cloud). Se trata de 24symbols. Para exponer con mayor claridad de lo que se trata, nos ahorraremos palabras si mostramos  imágenes. Adelante, pues, con las primeras...
Los primeros pasos consisten en la inscripción. Y acto seguido aparece la ventana de las novedades.
Con un simple clic sobre la portada de un libro, tendremos acceso a una síntesis del mismo.
No hay pérdida para encontrar el botón que nos permitirá leerlo en la pantalla del navegador. (También hay la opción de comprar el texto en formato ebook). ¡Accedamos al libro!
A partir de la portada, tenemos acceso a todas las páginas del libro. Podemos, también, cambiar la medida de la letra, así como acceder a los marcadores y notas que posteriormente creemos. Pasemos página y accedamos al texto!
Fijémonos dónde habrá que poner el ratón para pasar página; aunque también podemos usar las teclas del cursor. Si queremos crear una anotación, seleccionaremos el texto con ayuda del ratón y aparecerán las opciones...
Si el proceso se ha hecho correctamente, el texto quedará así...
A esta anotación siempre podemos acceder de manera directa...
¿Que algunos de los libros son nuestros favoritos? ¿Por qué no marcarlos? 
¿Por qué no guardar algunos de los libros en 'nuestras' carpetas? Creémoslas y ordenemos nuestras preferencias...
Ahí es donde se necesita más pericia, no siempre es fácil 'introducir' el libro en la carpeta. Si el proceso resulta correcto, recibiremos un aviso.
Recordemos que siempre se puede comprar una edición en ebook de los libros. Y qué mejor que regalar a un amigo un libro que nos ha gustado. Con ello obtenemos dos triunfos, agradecer a un autor su esfuerzo y obsequiar a un amigo con algo que nos ha gustado mucho. 
Por último, no nos olvidemos de salir de nuestro espacio de lectura en las nubes de la manera adecuada... 
PS. La novela que ilustra este minitutorial se ha elegido a modo de ejemplo sin tener en cuenta su valor literario ni los gustos del autor de este blog.

lunes, 13 de junio de 2011

El Oeste digital : ¿En manos de bandoleros digitales?

Que el mundo está cambiando no es una perogrullada. No sólo están cambiando las técnicas, con las tecnologías de la información, sino que también están sufriendo cambios los usuarios que han entrado, más bien ingenuamente y alentados, al mismo. El mundo digital se está convirtiendo en un Oeste más rápidamente de lo que se creía. Y al igual que siglos atrás existían los bandoleros —en Catalunya, por ejemplo, Joan de Serrallonga y Perot Rocaguinarda  (el Roque Guinart del Quijote!)— que asaltaban con la cara tapada a los que se atrevían a cursar viaje —navegar con la diligencia de la época—, hoy de nuevo existen los que aparecen con la cara tapada, anónimamente, asaltando a quien se ponga delante en sus travesías digitales. Y también como entonces, revistiendo su quehacer maleante con la capa de ayudar al desvalido y al grito de impartir (su) justícia.
Nunca como en el presente se había visto la fragilidad con que el mundo digital se está construyendo. Toda, y cuando decimos toda nos referimos también al supuestamente intocable MacIntosh o a la tecnología Linux, toda la tecnología digital está extremadamente expuesta a los pinitos hackeristas de cualquier informático que se otorgue la corona de 'servir al pueblo', y hacer lo que se le antoje, padezca el pueblo o no.
Se nos dice que los objetivos de estos ataques son los gigantes digitales, de quienes hemos hablado muchas veces, manteniendo nuestras reservas al respecto. Pero cuando el grupo bandolero Lulzsec ataca, por ejemplo, a Sony y publica datos de un millón de internautas, lo que está haciendo anula las supuestas virtudes benéficas de su acción. O cuando se ataca la compañía de seguridad RSA y quedan comprometidos datos de 280.000 clientes, de nuevo la obra de misericordia del bandolerismo digital queda completamente empañada. O cuando Inteco denuncia el robo de datos de 20.000 clientes que son desparramados por la Red, algo grave o muy grave está sucediendo.
Esto es el Oeste digital. No hay leyes (o no se cumplen), no hay jueces (o no ejercen) y no hay respuestas serias y rápidas por parte de quienes, en tanto que realmente representantes de la población, deberían de asumir responsabilidades. Hechos como el cierre de la plataforma PlayStation Network por un asalto que afectó a los datos de cien millones de clientes y la de Sony Online Entertainment, que afectó a otros treinta millones de internautas no pueden quedar —como está quedando— como simple tema noticiable y, además, con mirada si no benevolente cuando menos neutral. Es de hecho un problema grave de inseguridad digital.

Hay que darse cuenta que lo que está sucediendo es un aviso de lo que, a gran escala, puede proliferar dando fin al aún no nacido mundo digital que se está construyendo. Nos referimos al cloud computing. Al mundo en la nube donde las empresas con sus informaciones estarán en la red, abandonando residencias físicas; donde las aplicaciones de nuestros desktops también ahí estarán ubicadas —del mismo modo como ya ocurre con los correos electrónicos que tenemos en Gmail, Hotmail o Yahoo.
El cloud computing —el nuevo paso digital previsto— está más comprometido que nunca por estos ataques por parte de asaltantes transvestidos de bandoleros benéficos que hipotecan su desarrollo, que en último término es el de cada uno de nosotros. Si se preguntaba el poeta John Donne 'por quién doblan las campanas', ya es hora de darse cuenta de que cuando ocurre un ataque hacker, 'a quién atacan también es a ti'.